“LO MÁS IMPORTANTE: LA ESCUELA”

Rafael ZamoranoHistoria Saladillo verá plenamente colmados sus objetivos si su espacio y sus notas sirven de consulta y como canal de expresión de docentes y alumnos. Las escuelas ocuparán un lugar relevante en este sitio. Sus historias, aniversarios, recuerdos de alumnos y maestros que pasaron por sus aulas serán motivo recurrente en nuestros artículos. En la nota que sigue trataremos simplemente de contar, como empezó todo.

Al otro día de inaugurada la Iglesia se abrió la primera escuela del nuevo pueblo. Máximo Cabral, en  nombre de la Comisión Fundadora, se dirigió al Consejo de Instrucción Pública solicitándola. Obtenida la autorización, no se tardó ni un instante en disponer lo necesario para su apertura. Es que hasta entonces, la mayoría de los niños no podían tener acceso a la educación. Sólo unos pocos, de las familias más acomodadas, podían contar con una institutriz en el campo, o ir a Lobos, el pueblo más cercano, o en el mejor de los casos a Buenos Aires.

Se le encargó a Antonio Bozán que consiguiera un lugar apropiado para hacer las veces de escuela, hasta que fuera posible construir una. También se le encomendó que buscase un buen maestro para la misma.

Bozán había adquirido un solar en el nuevo pueblo, frente a la plaza, al lado de donde ahora se encuentra el Club Social. Allí había construido un rancho de ladrillos, con techo de paja, compuesto por tres habitaciones. Esa fue la primera escuela de Saladillo, que funcionó hasta 1872, cuando se inauguró la nueva escuela en la esquina de San Martín y Moreno.

Resuelto el asunto del lugar, se abocó a su segunda misión, conseguir un maestro idóneo para la formación de los niños. Lo encontró en la persona de Rafael J Zamorano, quien arribó a Saladillo en agosto de 1865. Se cuenta de él que era un “hombre muy culto, intelectual, religioso, austero, muy serio, pero juntamente de animada conversación y chusco”. Por “chusco” se entiende a alguien chistoso, gracioso, pícaro… Pero como veremos, no parece que el buen humor fuera una de sus virtudes.

Las clases comenzaron el 1º de setiembre, con quince alumnos. En principio era sólo para varones.

Pronto, Zamorano hizo amistades entre los hombres del lugar. Fueron sus principales amigos: Máximo Cabral, el Jefe de Frontera Emilio Fulco y el mayordomo de la estancia “Polvaredas”, Tiburcio Robledo. Lo acompañó en el cargo de Sub Preceptor, José Antonio Rossi.

Estuvo en su cargo exactamente tres años, hasta noviembre de 1868, cuando renunció como consecuencia de una broma que el Maestro mal interpretó.

Zamorano tenía por costumbre juntarse con sus amigos por las noches, donde paradójicamente ahora funciona la “Heladería Los Amigos”, en la esquina de Belgrano y San Martín. Allí tenía una confitería Carlos Cailliat, cuñado de Cabral.

En el otro extremo de la plaza, donde ahora se encuentra el “Edifico Mayo”, estaba el “Hotel El Globo” de Antonio Torrontegui. Allí se encontraban aquella noche, jugando una partida de billar, Juan Soler y José Simón. Eran espectadores Ceferino Elcarte, José Ramón Sojo, Justo Sánchez, Nemesio de Ortúzar y Aureliano Roigt. La partida parece no haber sido muy entretenida, porque estos espectadores decidieron hacerle una broma a los billaristas. Decidieron clausurar la salida del Hotel atando un carro a la puerta de acceso.

La noche era oscura y favorable a la broma. Cabe aclarar que la plaza no era más que un pajonal.

Venían los bromistas con el carro hacía el hotel pero, cuando pasaban frente a la escuela, sintieron voces provenientes de la plaza. Se ocultaron entre los pajonales para no ser descubiertos y dejaron el carro abandonado a las puertas de la escuela rancho.

Las voces eran las del maestro Zamorano y su amigo Robledo que regresaban de la confitería de Cailliat. En medio de la oscuridad se llevaron por delante el carro e inexplicablemente Zamorano interpretó que se trataba de un mensaje para que dejara el pueblo. Lleno de ira quiso prender fuego al carro, pero su amigo lo hizo desistir. Este fue el motivo de la renuncia del primer maestro de Saladillo. Es de suponer que habría otros pormenores que lo llevaron a esa conjetura, pero no tenemos datos de ellos. Tampoco tenemos constancia de que los bromistas hayan tratado de aclarar el asunto.

La vida docente de Zamorano continuó en Cañuelas, donde fue preceptor de la escuela de varones hasta 1874 en que partió hacia la frontera con su sobrino Antonio Rodríguez. Sabemos que este último murió como consecuencia de un malón, tal vez igual destino le haya tocado a nuestro viejo maestro de frontera.

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