“EL MONUMENTO A EMPARANZA: UNA FIGURA CENTRAL”

Monumento de Emparanza

Monumento de Emparanza

El monumento a Francisco Emparanza ocupa en nuestra plaza un lugar destacado, central. Su busto colocado sobre un elevado pedestal y rodeado de un conjunto ornamental  en mármol de carrara, que incluye maceteros y bancos, no pasa desapercibido para quienes visitan nuestro principal paseo público.

¿Qué sabemos de él? ¿Qué podremos decir al visitante ocasional de nuestro pueblo que nos pregunte acerca de ese hombre que ocupa un lugar central? En definitiva: ¿Es Francisco Emparanza una figura central de nuestra historia?

Apresurémonos a decirlo: Sin dudas fue una figura central de nuestra historia local, con proyecciones de alcance nacional, que marcó la vida política de Saladillo en la primera mitad del Siglo XX.

Nació el 15 de septiembre de 1871 y se recibió de médico en 1897, radicándose para ejercer su profesión en su Saladillo natal. Militó primero en el Partido Mitrista, ocupando el cargo de Intendente de 1902 a 1910. Abrazó luego la causa Radical ocupando el cargo de Ministro de Obras Públicas de la Provincia en 1920.  Fue Diputado Nacional de 1922 a 1930 y nuevamente en 1940. Fallece el 26 de julio de 1941.

Obras fundamentales de nuestro pueblo pertenecen a su gestión: el Hospital, el Palacio Municipal, el Templo Parroquial, el Matadero, el Agua Corriente, el edificio del Correo, la creación del Colegio Nacional, etc.

La antigua calle Jujuy hoy lleva su nombre, como así también el Parque de las Aguas Corrientes, y el 27 de abril de 1952 se inauguró el monumento que nos ocupa. El busto metálico fue realizado por el escultor Urquijo, por encargo de la Comisión conformada para tal fin, presidida por el doctor Alejandro Carrique.

Cuando aún faltaban terminar los detalles ornamentales que lo rodean, se decide su inauguración como último acto de gobierno de Hilario Armendáriz. Días después asumía como intendente el Justicialista Tomás Lissalde.

Como parte de las disputas políticas de aquellos años, el 16 de julio de 1954 el busto desaparece de la plaza. Es localizado cuatro meses más tarde en el puente Rubó del arroyo Saladillo, por el pescador Pedro Funes. Este episodio tendrá su contrapartida al año siguiente cuando es derribado el busto de Eva Perón.

Como señalamos, no se puede negar la centralidad de la figura de Emparanza en nuestra historia, pero tampoco debemos caer en el error tantas veces cometido en la historiografía nacional. Hay hombres que merecen el bronce, pero ello no significa que sean intocables cual figuras sagradas. Las discrepancias con Emparanza de un buen sector de la sociedad están de manifiesto en la desaparición de su busto y en el silencio absoluto que periódicos importantes de nuestro medio, como “La Semana” o “Democracia” guardaron al momento de su emplazamiento.

En sus años de “mitrista” fue duramente cuestionado su accionar por el periodista Víctor Simón, fundador de “El Argentino”. Simón sostenía que Emparanza había accedido al poder municipal de forma fraudulenta y tildaba de corrupta a su administración. Son caricaturescas y divertidas las notas de “El Argentino” de aquellos años, en las que el periodista se refiere a Emparanza con el mote de “Monigote”. Oportunamente nos ocuparemos de ellas.

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