“LAS DESCEJADAS, «EL DEBATE» POR UN CAMBIO EN LA MODA”

La Primera Guerra Mundial tuvo las consecuencias trágicas que todos conocemos y repercutió en los ámbitos más insospechados, incluso en la moda. Con los hombres marchando a los frentes de batalla, las mujeres salen de su hogar a cumplir roles hasta entonces exclusivamente masculinos. Se inician en ese contexto movimientos de emancipación femenina que se verán reflejados en las vestimentas, peinados y otros aspectos de la coquetería, como la depilación. “Predomina el look unisex, ya no se busca marcar ni los pechos ni la cintura y los peinados se simplificaron al pelo corto y suelto. Surgen los trajes sastre y el corte con influencia masculina para mujeres que empiezan a incorporarse al mundo laboral. Los vestidos son tan cortos de día como de noche llegando a la rodilla, el maquillaje se instala en la rutina femenina, rouge labios y mejillas, polvo de belleza”. (Margarita Gardey “Aspectos Sociales de la Vestimenta”). (1)

Terminado el conflicto, y más aún en nuestro país que se mantuvo neutral, muchos hombres pretendieron retornar al cómodo machismo de pre – guerra. El artículo del periódico de Saladillo, “El Debate”, del 12 de Enero de 1924, que reproducimos en sus partes sustanciales, se inscribe en esa actitud, cuestionando la moda de la depilación y llegando al límite de lo desopilante:

Las Descejadas

“Las mujeres elegantes continúan depilándose las cejas.

(…) Prescindir de la defensa de las cejas constituye un peligro. Pero las mujeres que tiñen sus ojos con substancias nocivas, sin miedo a la ceguera, no se paran en pelillos cuando la moda ordena una cosa.

(…) Ahora se quiere tener, después de los tipos expresivos conquistados, una expresión de niña boba. Los vaporosos ricitos de la cabellera desaparecen; el cabello se lleva liso, tirante con violencia hacia atrás. Esas frentes así descubiertas dejaban marcar demasiado el contraste de las cejas, y comenzaron la tarea de la depilación.

No es operación muy dolorosa. Se empapa la ceja en una buena crema grasa y al cabo de una hora el pelillo cede fácilmente a la pinza sin oponer resistencia.

Pero es necesario un gran arte para dibujar la ceja bien. Debe quedar una línea en arco, fina y perfecta.

(…) Ya en muchas ocasiones, una de ellas el año 70, la mujer ha llevado las cejas depiladas, y son modelos de arcos perfectos las hermosas cejas de la emperatriz Eugenia.

Y sin embargo, la humanidad no progresó por eso. La suerte es que la moda varía pronto; de no ser así es fácil que se atrofien las células de las cejas y al cabo de algunas generaciones la mujer no tuviera cejas, como, salvo contadas excepciones, no tiene barba ni bigote.

Se dice también que esta moda tiene su fundamento en que escasean cada vez más los casamientos, y que la mujer de aire ingenuo tiene más probabilidades de pillar marido.

Pero yo creo que los hombres están ya lo bastante expertos para no fiar demasiado en el aire de candor que se debe a la influencia del peinado y de las pinzas de depilar”.

 

(1)   NOTA: Quienes deseen profundizar sobre este tema en Saladillo, el trabajo de Margarita Gardey, “Aspectos Sociales de la Vestimenta”, se puede leer en el siguiente link: https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=sites&srcid=ZGVmYXVsdGRvbWFpbnxtdXNlb2Rlc2FsYWRpbGxvfGd4OjE1MmU3NjE2ZjQwODE3ZmM

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