“HACIENDO LA PLANCHA”

Plancha a carbón

Plancha a carbón
Perteneciente a la colección del Museo de Saladillo

Desde muy antiguo, la ropa libre de arrugas ha sido un signo de pulcritud en el que se ponía sumo cuidado. Era incluso una marca de categoría social. Los obreros y campesinos no disponían de mucho tiempo para estas tareas. En cambio, las clases altas, disponían de esclavos que se ocupaban de ello. Es así que lucir vestidos con muchos pliegues bien planchados era un indicio de contar con muchos esclavos o sirvientes para hacerlo.

Se sabe que los chinos utilizaban unas latas con mango, similares a sartenes, a las que cargaban de carbones encendidos y utilizaban para quitarle las arrugas a las sedas. Los griegos, por su parte, tenían una especie de palo de amasar de hierro, el que después de ser calentado en el fuego se pasaba por sobre los vestidos de lino.

Alisadores de mármol, vidrio, hierro o madera, se utilizaron en todas las épocas, dando lugar a una tradición que nos llegó con lo colonizadores españoles.

Plancha de hierro (1800)

Plancha de hierro (1800)
Perteneciente a la colección del Museo de Saladillo

Las primeras planchas eran de hierro macizo y se calentaban directamente sobre el fuego del brasero. Aquel clásico brasero en el que todo el tiempo había una pava de agua caliente, lista para el mate. Era común que se utilizaran dos planchas, mientras que con una se iba realizando la tarea, la otra permanecía en el fuego calentándose. Una de las dificultades de estas primitivas planchas era que el hollín se pegaba en ellas y no pocas veces ensuciaban la ropa.

Plancha de hierro

Plancha de hierro
Perteneciente a la colección del Museo de Saladillo

Luego aparecieron las planchas a carbón, cajas metálicas que se cargaban directamente con el carbón encendido del bracero.

En las primeras décadas del Siglo XX, las planchas a combustión de bencina tuvieron su auge. Contaban con una pequeña bocha en la que se cargaba el combustible, el que se hacía descender con presión de aire, aplicada con un inflador, hasta el mechero que calentaba la base de la plancha. En nuestro país fueron famosas este tipo de planchas, de la marca “Volcán”.

Plancha a bencina

Plancha a bencina
Perteneciente a la colección del Museo de Saladillo

Al propagarse el uso de la electricidad, no tardaron en aparecer las planchas eléctricas, aunque su uso masivo tardó un tiempo en propagarse. Las usinas generadoras de energía, que en Saladillo estaba ubicada en Sojo y Alem, encendían sus motores desde el atardecer hasta el amanecer, lo que obligaba a realizar el planchado a altas horas de la noche.

Los hoteles, fondas, grandes tiendas, talleres de costura, sastrerías y familias adineradas, contrataban mujeres especializadas en la tarea del planchado. Generalmente, estas mujeres, que habían aprendido el oficio de sus madres, ejercían también el de lavanderas.

Plancha eléctrica

Plancha eléctrica
Perteneciente a la colección del Museo de Saladillo

Pero el lugar especializado por excelencia para esta tarea era la tintorería, a la que se llevaban los trajes y vestidos más delicados, para su limpieza y planchado.

El oficio de tintorero en nuestro país fue casi una exclusividad de la comunidad japonesa y en Saladillo, la de la familia Nakamurakare, en Avenida San Martín, fue todo un símbolo.

One Comment

  1. oscar capobianco 2016/04/24 13:46 Responder

    Buenisimo ! Hui

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