“LA PREMATURA MUERTE DEL DOCTOR TABORDA”

Monumento al Dr Taborda en el cementerio

Monumento al Dr Taborda en el cementerio

¡Pobre Taborda! Exclaman todos, grandes y chicos. ¡Taborda ha muerto!” (“El Argentino” – 19/07/1917). Tal es el grado de consternación popular que produjo la muerte, a causa de una peritonitis, del joven médico, que acababa de regresar de su viaje de bodas con Adelfa Demaría Massey.

De origen entrerriano y recién recibido, el doctor Héctor Taborda llega a Roque Pérez, Partido de Saladillo, en 1911, a atender el consultorio de su amigo, el doctor Bobba, que ha partido de vacaciones. En esas circunstancias fallece en Saladillo el doctor Juan Ferri, y Taborda asiste a su sepelio. Aquí, los hermanos Donato y Miguel Cotignola, que lo conocían del ámbito universitario, lo convencen de que se quede en Saladillo, en sustitución del fallecido doctor Ferrí. Es así como Taborda inicia su corta pero fecunda actuación en nuestro medio.

Como estudiante había desarrollado una carrera brillante. Participó en la organización de los Centros de Estudiantes y la fundación de la Federación Universitaria Argentina. Fue practicante del Instituto de Criminología de la Penitenciaría Nacional, que dirigía José Ingenieros. Presidió el Segundo Congreso Internacional de Estudiantes Americanos (1910) y fue autor de la tesis doctoral “Los factores del delito”.

Durante su actuación como médico del Hospital Dr Posadas, mejoró notablemente los servicios del mismo, y reorganizó la Sala de Maternidad y Niños “Manuel Lainez”, convirtiéndola en modelo entre los hospitales de la zona.

Como complemento de esta tarea, el 13 de Diciembre de 1911, realiza una disertación en la Escuela Nº 1, sobre el tema “La fecundación humana”. La charla duró aproximadamente dos horas, durante la cual mantuvo al público “pendiente de sus labios”, comenta “El Argentino”. A su término se realizó una colecta a beneficio de la Sala de Maternidad.

La conferencia fue publicada íntegramente en el periódico “El Orden”.

Jaime Seguí, Cura Párroco de Saladillo, entiende que los conceptos vertidos por Taborda atentan contra los principios de la doctrina Católica y publica una carta abierta en el periódico “El Argentino”. Taborda le responde defendiendo su postura desde el periódico “El Pueblo” y se suscita de este modo un debate entre ambos que durará cinco meses.

Al momento de su muerte, Ibáñez Frocham, director del periódico “La Semana”, realiza una tibia cobertura en la que expresa: “Los méritos de intelectual descollante han sido aquí siempre indiscutidos, aún por los que hemos discrepado por ciertas ideas suyas”. Frocham era un activo militante católico, fundador del Círculo de Obreros Católicos de Saladillo y gestor de la creación de la Escuela de Hermanas del Niño Jesús.

Además de su actividad en el hospital, Taborda fue médico de las Asociaciones Mutuales de la colectividad española y la italiana. Desinteresadamente colaboraba con la Sociedad Protectora de Desvalidos. Era el “médico de los pobres”. De entre los muchos discursos que se pronunciaron en el cementerio, el día de su muerte, merece destacarse el de Antonio Martínez, un humilde paciente suyo. Decía: “Yo y los míos, tendremos durante nuestra efímera existencia la inolvidable e impagable gratitud por los desinteresados servicios facultativos que nos ha dispensado en distintas ocasiones”. Y continuaba: “Los que como yo vivimos del rudo trabajo, los que tenemos corazón para sentir, lloramos como cosa propia esta gran pérdida y esta irreparable desgracia. ¡Descanse en paz eternamente el que fue médico de los pobres trabajadores y que estas palabras sean el fiel reflejo y testimonio de mi más profundo pesar!

Éste era Taborda en el ejercicio de su profesión, pero no le bastaba con ello, quería aportar también el fruto de su inteligencia brillante. En 1914 dio a publicidad un tomo de “Tratado de Medicina Legal”. Como decía el Profesor Octavio Calvo, en otro de los discursos: “¡Qué obra tan grande en una vida tan corta! Grande por el número de sus obras inspiradas todas en nobles ideales: el amor a la humanidad y a la patria; corta, muy corta, terriblemente corta porque no debía terminarse la vida de los hombres que como Taborda la consagran a los demás”.

Pero su actividad trascendía la medicina, participó en cuanta actividad noble se emprendía en Saladillo en aquellos días. Junto a Rosa García Costa salió en defensa del nombre del pueblo, en un intento por cambiarlo en 1912; ejerció de periodista en el periódico “El Pueblo”, que dirigía Enrique Thomas y Coutiño; impulsó con vigor la edificación del Teatro de la Sociedad Italiana; pero la obra que más sobresalió y que posteriormente llevaría su nombre, fue la creación de la Escuela Normal Popular (1).

Es por todo esto y por mucho más, que su muerte prematura y repentina causó consternación. Es por eso que fueron miles los saladillenses, de todas las clases sociales, que lo acompañaron hasta el cementerio. Es por eso que a los pocos días de aquel triste 15 de Julio de 1917, se inició la colecta para la construcción del monumento que hoy lo recuerda.

 (1) http://historiasaladillo.com.ar/hs/2015/01/la-escuela-normal-popular/

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