“RECUERDOS DE UNA VIDA EN LOS PAGOS DE REYNOSO”

Elba Batista

Elba Batista

“El otro día fui a visitar la casa donde viví, en Reynoso. Todavía se conserva la pieza donde dormía don Venero Miranda, con su cielorraso de ladrillos, y un eucaliptus enorme, que cuando fuimos nosotros, ya era viejo. Es una casa que tiene muchísimos años”. Esto nos cuenta Elba Batista (81) y mientras recuerda le brilla la mirada.

¿Usted nació en Reynoso?

“No, yo nací un poco más allá, cerca del arroyo Saladillo, por ahí por donde estaba la escuela de los ingleses, sobre la ruta 51, en la estancia El Naranjo. Mi papá trabajaba en un puesto y tenía un ranchito en el medio del campo. Ahí nacimos nosotras, yo era la mayor de cuatro mujeres: Elida, Marta y Angélica”.

Sus abuelos, a los que conoció, habían venido de Italia, tanto los Batista, como los Delucía, por el lado materno. Acá conocieron las mujeres con las que se casaron y desde entonces vivieron en Saladillo.

En la zona de “El Naranjo”, desde 1943 funciona la Escuela Nº 25, pero cuando Elba era chica, todavía no estaba: “Ahí no había nada, no había escuela, no había nada. Un poco más acá estaba el almacén de Angelani, otro italiano, bien italiano, italiano del todo (risas). Entonces iba una maestra a la casa de familia de ellos, Alicia Gastaca. Iba en sulky y se quedaba allá toda la semana. Nosotras fuimos a la escuela con ella, en el almacén de Angelani. Yo fui solamente hasta tercero, después tenía que venirse al pueblo si quería seguir estudiando. No había posibilidades, mi papá era pobre, mi mamá siempre enferma. Para venirse al pueblo había que tener alguna pensión, pero antes no era como ahora, era muy difícil. Nosotras ninguna pudimos estudiar”.

El propietario de “El Naranjo” era don Bernabé López, casado con doña María Inda. La mamá de Elba también trabajaba para ellos lavándoles la ropa.

En la escuela de los ingleses, trabajaba una tía, hermana de su mamá. Con estos tíos vivía un viejo amigo de la familia, llamado Venero Miranda. Cuando el tío falleció este hombre se fue a vivir con la familia Batista: “Mi papá le hizo una piecita, con una cama, y ahí dormía y comía. Cuando mi mamá estaba enferma, que mi papá la traía al pueblo, él se quedaba con nosotras. ¡Si nos habrá hecho de comer! Anduvo siempre trabajando por ahí, pero cuando no tenía trabajo volvía a la casa de mi papá. Él fue siempre soltero y había nacido en 1897 o 87, no me acuerdo, pero contaba cosas de la fundación de Saladillo y de como era todo. Contaba que donde está el Instituto era todo una laguna. Alguna vez vinieron del pueblo a buscarlo para que contase esas historias”.

La familia Batista vivió allí hasta que Elba cumplió los 15 años. Luego pasaron a Reynoso y don Venero Miranda también se fue con ellos.

Mi papá se vino a trabajar al campo de Dadone, que la señora era Elordi. Después yo me casé y me quedé allá, más cerca del almacén. Yo tenía 21 años. El almacén era de los Elordi, lo que era eso, era un almacén de ramos generales, había de todo. Ahora no ha quedado nada”.

En esos años todavía funcionaba el Ferrocarril Provincial y la estación le daba mucho movimiento al paraje. Elba nos recuerda a algunos de los vecinos que vivían en sus alrededores: “Nosotros no estábamos muy lejos de la estación, una legua más o menos. Por ahí vivían los Lambert, que eran unos cuantos hermanos, cada cual tenía su familia y su chacra. Estaban los Nani, Ernesto y Tato Arrospide, hermanos de Carlos Arrospide, el que fue intendente. Estaban los Elordi. Yo tenía mis tíos en La Plata y me iba en el tren a visitarlos. ¡Criada allá junto al arroyo y después andar en tren!”.

Su marido era Ricardo Gorosito y trabajaba como camionero del almacén. Venía al pueblo para llevar la mercadería o viajaba a Liniers llevando chanchos. En el almacén también trabajaba su cuñado, atendiendo en el mostrador.

Venir a la ciudad era difícil, yo conocí el cementerio después que me casé, me trajo la patrona”. Elba llama “la patrona” a doña Celina Saizar, esposa de uno de los Elordi, propietarios del almacén. Ella nos cuenta quien fue: “¿Usted conoce a las chicas de Elordi, las que tienen la tiendita? Bueno, la mamá de ellas. No me acuerdo si veníamos en sulky, porque en ese tiempo todavía andábamos en sulky, o si la traía mi marido en el camión. Me acuerdo que el caballo del sulky era más malo. Ella me ayudo cuando tuve a los chicos, me hizo hacer toda la ropa. A mis hijos los tuve allá, viviendo en Reynoso, a los tres”. Ricardo y Elba fueron padres de un varón y dos mujeres.

Como suele decirse, los chicos suelen venir con una galleta bajo el brazo. Al menos parece ser este el caso del matrimonio Gorosito: “En una de esas venidas acá al pueblo, mi marido compra un billete para fin de año. Eran puros ceros, no me acuerdo que número era, pero no dijo nada. Fue a la casa del hermano y el hermano le dijo, si yo lo encuentro ni lo levanto a ese número. ¡Y no va y saca la lotería!”.

Con ese premio, Ricardo y Elba pudieron comprarse la casita, con unas 10 hectáreas que pertenecieron a Etchegoyen, padre del escribano Horacio Etchegoyen. “Y ahí se siguieron criando los chicos, fueron a la escuela que está cerca, la escuela 12, y ahí terminaron la primaria”. Después, los hijos se fueron viniendo al pueblo, a trabajar o estudiar, y a pesar de que tampoco les resultó fácil, siente el placer de que sus hijos pudieran hacer, lo que ella no había podido en sus años en “El Naranjo”. Y ese placer se prolonga en los nietos: “Tuve la alegría de ir a ver a mis nietas cuando se recibieron, cuando le entregaron los diplomas”.

Respecto a don Venero Miranda, después de que falleciera el papá de Elba, él también se vino a vivir a su casa. Vivió con ellos, hasta que un día enfermó y Ricardo Gorosito lo cuidó por 20 días, hasta que falleció.

Ya criados los hijos y encaminadas sus vidas, tomaron la decisión de venirse al pueblo: “En Reynoso vivimos hasta 1985, más o menos. Ya hace como 30 años que estamos acá. El campo lo vendimos a un hombre de Buenos Aires”. Un pedazo de aquel campo fue cedido para la cancha de “La Lola”, en cuyo equipo Ricardo y sus hermanos jugaban.

Sobre el final de nuestra charla, le preguntamos si su esposo era familiar de nuestro actual intendente: “Si son de la familia lo son allá lejos. Cuando vinimos acá, nosotros teníamos un Citröen destartalado. Mi marido hacía parques, porque no iba a estar sin hacer nada, era jubilado ya entonces. Y el intendente vivía enfrente de la placita de las Islas Malvinas. Él venía todas las mañanas con el ponchito y mi marido lo llevaba hasta el Banco Local, donde trabajaba. Él siempre se acuerda”.

6 Comments

  1. Miriam 2015/06/24 2:05 Responder

    Que interesante este comentario.
    Soy docente del jirimm de la escuela num 25 del Paraje El Naranjo ,hace 8 años y siempre busco informacion de la escuela.
    gracias!!!!!y felicito a la señora por contarnos su agradable historia del pasado.
    saluda atte
    Miriam DBenedetto.

  2. cristina macchiaroli 2015/06/24 17:18 Responder

    K lindo recuerdos tia elba … bsss

  3. Sergio 2015/06/29 0:20 Responder

    Muy lindos recuerdos, gracias Elba

  4. Olga Leiciaga 2015/10/31 22:01 Responder

    Qué hermoso recuerdo! Qué alegría encontrar alguien que me retrotrae a esos tiempos. Un abrazo grande, grande, Elba!Yo también escribí un pequeño libro para la familia y los amigos, por ahí puedo hacértelo llegar. Se llama “Cruzando alambradas y abriendo tranqueras”.

  5. Graciela Savone 2016/06/26 15:09 Responder

    Me encantan estas historias reales de la gente común… el relato de sus vivencias es historia pura… felicitaciones!!!

  6. Cziczerskyj,María victoria 2018/03/24 0:13 Responder

    Gracias me fascina las Soria de Reinoso Saladillo,gracias

Deja un comentario