“VESTIGIOS DE UN PASADO LEJANO EN LA ZONA DE POLVAREDAS”

Restos fósiles en Polvaredas

Restos fósiles en Polvaredas

El siguiente texto es parte del trabajo de investigación “Levantando Polvaredas” (1), realizado desde el Grupo de Investigación del Museo de Saladillo, en el año 2012, como un aporte al Centenario de Polvaredas celebrado ese año.

En el mismo se da cuenta de dos hallazgos que nos hablan de una Polvaredas lejana y bien distinta a la que conocemos actualmente.

En próximas entregas publicaremos otros pasajes de ese mismo trabajo que nos lleva a los orígenes de aquel pueblo de nuestro partido y al de Saladillo mismo.

POLVAREDAS ORIGINARIO

Aunque la noticia aparecida en El Argentino el    24 de abril de 1992 sea relativamente reciente, su contenido nos remite a lo más antiguo que podamos hallar de Polvaredas y su zona.

Señala la nota: “En la zona de “Los Guaicos”, paraje de Polvaredas, fueron hallados restos fósiles de un animal prehistórico”. Y narra luego las vicisitudes del hallazgo y las suposiciones al respecto.

En efecto, hace aproximadamente 10.000 años habitaron estas tierras mamíferos gigantes que desaparecieron coincidentemente con la llegada de los primeros hombres, los que sin duda habrán contribuido a sellar la suerte de aquellos.

Es de esos animales extintos el caparazón encontrado en Los Guaicos.

 

Desaparecida aquella fauna primitiva, cientos de otros animales poblaron la zona y sus lagunas: venados, liebres, mulitas, peludos, vizcachas, zorros, zorrinos, cuises, comadrejas, lagartos, ñandúes, perdices, lechuzas, martinetas, chimangos, nutrias, patos, gansos, cisnes, gaviotas, cuervos, chorlos, gallaretas, teros, flamencos, cigüeñas, garzas, chajaes, halcones, etc.

Sumado todo esto a una abundante y diversificada flora, nada hace pensar que estuviéramos en un desierto, como poco sutilmente se nos ha querido imponer.

 

Los Pueblos Originarios encontraron en las lagunas y arroyos de la región un apetecible menú que los atraía particularmente en verano y en los tiempos de sequía.

Tengo sobre mi escritorio una bola de piedra que me obsequió José María Caraffa, médico veterinario de Polvaredas, como testimonio del andar de los Pueblos Originarios por estos campos. Se trata de una bola perdida que el doctor Caraffa  recogió en sus tareas en el campo. La bola perdida era un arma que los Pueblos Originarios utilizaban primero para la caza y luego como defensa ante los invasores de sus tierras. Recuerdo que el día en que me la regaló, charlamos con empatía acerca del hombre que la perdió. Supusimos que se trató de un indio tapalquenero, de la tribu de Catriel. Ellos habitaban en la zona de Sierras Bayas y frecuentaban la zona de Polvaredas en tiempos de caza. Desde allí la trajo, muy probablemente caminando. Imaginamos las horas que habrá pasado tallándola y por lo tanto imaginamos también la angustia de perderla.

(1)   https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=sites&srcid=ZGVmYXVsdGRvbWFpbnxtdXNlb2Rlc2FsYWRpbGxvfGd4OmJlMDQ3OWI5NWQ2Y2Fk

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