JORGE NOVELLA: «EL MAESTRO»

Jorge Novella «Maestro Rural»

Jorge Novella «Maestro Rural»
Fotografía del libro “Homenaje a un Maestro Rural pos su Vocación” de Mario Bianchini

Para “maestro” se estudiaba en las escuelas normales, obteniendo el título habilitante para ejercer la docencia. En ajedrez, se llega a ser “maestro” cuando se logran triunfos en torneos de renombre. Pero ser “Maestro”, es un reconocimiento que los alumnos, los padres, los vecinos, la sociedad, otorgan a quien con su vida ha sido un ejemplo y ha dejado una marca imperecedera en la vida de sus discípulos. Este es el caso de Jorge Novella, “Maestro de Escuelas Rurales” y “Maestro de Ajedrez”.

Maestro Jorge Novella

Maestro Jorge Novella
Fotografía del libro “Homenaje a un Maestro Rural pos su Vocación” de Mario Bianchini

Cuando don Demetrio Novella llegó de Italia, eligió Saladillo para quedarse a trabajar y formar su hogar. Arrendó una fracción de tierra en las inmediaciones de la estancia “Tres Bonetes”, que pertenecía a don Federico Álvarez de Toledo. Con el tiempo se casó y pudo comprar su propio campo, al que dio el nombre de “Las Vizcacheras”.

Trece hijos argentinos tuvieron este matrimonio de inmigrantes, entre ellos Miguel, quien seguiría con las tareas agropecuarias en las cercanías de la estancia “María Antonieta”. Se casó con doña Estefanía Seoane, “Maestra Rural” de la escuelita de “La Campana”.

Miguel y Estefanía fueron padres de dos varones y una mujer. El primero de ellos nació el 19 de septiembre de 1939 y le pusieron el nombre de Jorge. En ese clima rural creció este niño que iba en sulky hasta la escuelita rancho donde trabajaba su madre, y que aprendió a jugar al ajedrez mirando a un peón de campo que lo practicaba.

El  viejo Plymouth

El viejo Plymouth
Fotografía del libro “Homenaje a un Maestro Rural pos su Vocación” de Mario Bianchini

Cuando terminó la primaria se vino al pueblo, a la casa de su abuela, e hizo el secundario en el viejo Colegio Nacional, en los tiempos que era director el doctor Pavese.

Teniendo por modelo a la “Maestra Rural” de “La Campana”, abrazó el magisterio y se fue a estudiar a la Escuela Normal de 25 de Mayo.

Título en mano regresó el flamante “Maestro” a Saladillo y en su querido Colegio Nacional tomó unas horas como profesor de educación física. Esta era una especialidad que le agradaba y se fue a Santa Fé a prepararse. Pero un problema en una rodilla le jugó una mala pasada y debió regresar.

Inició entonces su largo recorrido por los campos de Saladillo, como suele decirse, sembrando abecedarios. Dónde comenzar si no, en “La Campana”, escuela en la que estuvo 3 o 4 años. Quiso el destino que en ese momento se realizara la ruta que lleva a Las Flores y el trazado pasaba justo por el lugar donde se encontraba la escuela rancho. Se hizo necesario demolerla, pero previamente, la compañía constructora le dio a la cooperadora el dinero necesario para hacer una nueva. Lo más rápido y económico era hacerla de placas, y el lugar más cercano para comprarlas era Tandil. Hacia allí partieron el “Maestro Novella” y los miembros de la cooperadora, en un viejo Siam Di Tella para adquirirlas. Antes de fin de año se hicieron tres salones, una galería y dos bañitos al fondo.

En clase

En clase
Fotografía del libro “Homenaje a un Maestro Rural pos su Vocación” de Mario Bianchini

Jorge formó parte también de aquellos docentes pioneros que fundaron la Escuela Industrial, en los altos de la Municipalidad (1). Pero esta fue una breve experiencia, el amaba los polvorientos caminos rurales.

Así pasó por la Escuela 5, sobre avenida Moreno; la Escuela 7, en el camino a Cazón y la llamada “Escuela del Monte”, dentro de la estancia “Las Tres Marías”, en la zona de La Barrancosa. La Escuela 41, en Pueblitos, y la escuela de El Mangrullo, también lo contaron entre sus maestros.

A todos estos lugares Jorge viajaba en vehículo propio, primero fue una Estanciera, luego un Fálcon viejo, un Siam y por último un Peugeot.

En 1979, fue nombrado Maestro de la Escuela Nº 13, en el paraje “Los Gatos”, partido de General Alvear. 16 kilómetros de ruta y 21 de tierra debía recorrer el “Maestro” para ir a dar clases. “El camino era de los mejores, pero después de la inundación del ’80, lo levantaron con greda y quedó de lo peor”, nos cuenta el “Maestro”. “Yo viajaba con palas, cadenas, de todo, por si me quedaba encajado. Si te llegabas a encajar, andá a llamar a alguien en el medio del campo, en ese tiempo no había celulares. Yo tenía un Siam y compré un Peugeot. Se vino la inundación y pasé una o dos veces, pero era imposible. Entonces empecé en busca de algo más fuerte, algún armatoste. Me puse en campaña y enganché un catramino grandote, un Plymouth ’41. Así y todo era difícil pasar y dábamos la vuelta por el camino a Las Flores, pasando por adentro de los campos. Hacíamos como 80 kilómetros, y tampoco llegábamos, nos tenían que acercar en una chata”.

Levantando alumnos en el camino

Levantando alumnos en el camino
Fotografía del libro “Homenaje a un Maestro Rural pos su Vocación” de Mario Bianchini

Hasta aquí nos hemos basado en el relato del propio Jorge, pero sobre esta etapa hay un librito que es parte de ese reconocimiento de “Maestro” con mayúscula, al que nos referíamos al principio.  Con introducción de Susana Esther Soba, fue escrito por Mario Bianchini, un vecino del camino que recorría Jorge en su viaje a “Los Gatos”.

Recomendamos la lectura de ese trabajo que se titula: “Homenaje a un Maestro Rural por su Vocación”.

Compartimos algunos pasajes sumándonos a ese homenaje a este Gran Maestro y Amigo:

Durante muchos años compartió los sacrificios y la responsabilidad de la enseñanza con la Sra Marta Meyra de de Rachit, que cumplió 7 años continuados en la escuela y que después de Jorge fue la maestra que durante más tiempo ejerció la docencia en esta escuela”.

… las vacaciones no lo tenían al margen, sino que por el contrario, cada quince días concurría a realizar tareas de mantenimiento. Y esto es mérito, también de su familia por el apoyo brindado, que no es poco. Sin ello no podría haber coronado dicha trayectoria como docente”.

Recoger a los niños, sus propios alumnos, para llevarlos a la escuela fue una responsabilidad permanente. Docente, padre, consejero. Muchas virtudes en una sola persona”.

Respetuoso al máximo del horario de clase. La puntualidad ha sido uno de sus principios rectores. El paso del maestro para muchos de los vecinos nos servía de reloj. La costumbre para saber la hora, pasaba por decir: “es tal hora porque ahí va el maestro”. Y a muchos de nosotros se nos detendrá el reloj cuando Jorge no pase más por este camino en el que lo vimos transitar durante tantos años”.

Jorge se jubiló el 30 de abril de 1994, pero nos cuenta Bianchini: “Su último día de clases hubiera sido el 29 de abril , pero como toda su vida recuperó los días de clases perdidos, concurrió a la escuela el sábado 30, demostrando una vez más el sentido de la responsabilidad a que nos tenía acostumbrados”.

Desde 1988, el “Maestro” está al frente de la Escuela Municipal de Ajedrez (2). Y allí lo encontramos, en la vieja “Trochita”, rodeado de chicos y como a él le gusta decir para referirse al juego: “empujando maderas”.

(1)   http://historiasaladillo.com.ar/hs/2015/05/la-creacion-de-la-escuela-tecnica-industrial/

(2) http://historiasaladillo.com.ar/hs/2013/12/el-maestro-jorge-novella-y-la-escuelita-municipal-de-ajedrez/

2 Comments

  1. oscar capobianco 2016/12/07 1:51 Responder

    Brillante….!

  2. Kiti 2016/12/18 20:18 Responder

    Un saludo a ese maestro que fue al campo a enseñar que estrellas , luna y soles hay en todas partes, y cualquier niño puede alcanzarlas…

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