“ESTANCIAS DEL ANTIGUO SALADILLO”

La María Antonieta

La María Antonieta

Siguiendo nuestra visita al Museo de Saladillo, nos detenemos hoy en el rincón dedicado a las Estancias y la Vida Rural en el siglo XIX. Aquellas tierras dadas en enfiteusis a unos pocos propietarios, en los tiempos de Rivadavia (1), se vieron beneficiadas con la protección cercana de Rosas, cuya estancia principal se encontraba en el partido de Monte, pero que también tenía algunos campos en el de Saladillo.

Estas circunstancias darán lugar al surgimiento de grandes estancias, las que ya estarán lo suficientemente consolidadas al momento de la caída de Rosas, cuando se desaten los grandes malones y la férrea resistencia indígena a la pérdida de sus tierras.

“El surgimiento de las grandes estancias fue un efectivo medio para la conquista de las tierras más allá del Salado.

Se organizaban en un casco principal de construcciones destacadas y diferentes puestos estratégicamente ubicados para garantizar la ocupación de un terreno extensivo.

Eran verdaderos fortines particulares dotados de zanjones, cañones y mangrullos”.

Entre aquellas primeras de los tiempos posteriores al rosismo y previas a la fundación del pueblo, podemos mencionar la de doña María Dolores Balbastro, de 14 leguas, con 23.000 vacunos, 2.070 yeguarizos y 18.400 lanares; el inglés Andrés Dick, antiguo enfiteuta con 18 leguas, 35.000 vacunos, 5.000 yeguarizos y 16 lanares. Su establecimiento recibió el nombre de “Tres Bonetes” y fue adquirido por Atucha, Gálindez y Álvarez de Toledo. Finalmente quedó en propiedad de este último, quien en 1894 trasladó el casco y le puso el nombre de “María Antonieta”, en homenaje a su esposa María Antonieta Faix; Doña Salomé Cascallares poseía 7 leguas, 12.000 vacunos, 1.500 yeguarizos y 3.000 lanares; Carlos Camilión tenía 9 leguas, 5.750 vacunos, 50 yeguarizos y 1.000 lanares; Don Benito Galíndez, en sociedad con su padre y su hermano Lauro tenía 6 leguas de campo, 5.000 vacunos, 1.000 yeguarizos y 1.000 lanares; Don Rosario Acosta era propietario de la estancia “El Mangrullo”, de 17 leguas, con 3.000 vacunos y 150 yeguarizos. De ella fue administrador Dionisio Pereyra;  Don José María Barrera, en la zona de Reynoso, era propietario de 7 leguas, 2.000 vacunos y 200 yeguarizos; Ana Byrne era propietaria de 55.650 hectáreas y en su establecimiento funcionaba una pulpería; Ardoy y Frías eran los dueños de “Polvaredas Grandes”, de 23.800 hectárea. Luego adquirida por Salvador María Del Carril (2); “Polvaredas Chicas” era de Joaquín Cazón (3); “Siete de Dieciembre” era de Máximo Aguilar y fue vendida a Benito J Galíndez y Santos Unzué (4).

La ganadería ocupa un renglón importante de la producción en aquellos años, además del vacuno, del que interesa principalmente el cuero, es intensa la cría de lanares y yeguarizos. Lentamente se va introduciendo la agricultura, algunas de cuyas herramientas tiradas por caballos pueden apreciarse en la muestra del Museo.

Para finalizar tengamos en cuenta algunos precios de referencia del año 1850: Una legua de campo valía $ 4.000 de la moneda corriente; los vacunos $ 20; yeguarizos $ 10 y lanares $ 2,50.

 

(1)                  http://historiasaladillo.com.ar/hs/2015/10/la-enfiteusis-el-reparto-de-la-tierra-en-manos-de-unos-pocos/

(2)                  http://historiasaladillo.com.ar/hs/2015/07/la-estancia-polvaredas-grandes/

(3)                  http://historiasaladillo.com.ar/hs/2014/03/don-joaquin-cazon-y-polvaredas-chicas/

(4) http://historiasaladillo.com.ar/hs/2015/09/la-estancia-7-de-diciembre/

3 Comments

  1. guillermo carlos zaccagnini 2016/07/30 23:00 Responder

    Hola , me interesaria mucho saber noticias sobre un proyecto piloto de produccion de gusanos de seda natural llevado a cabo en Cazon ( Estancia “La Fortuna ” ) en los años 50 ; Agradezco cualquier noticia o comentario sobre el particular

    • Roberto Sparvieri 2016/11/18 0:59 Responder

      Yo estuve en la Estancia La Fortuna en el año 1952. Había un boulevard de moreras plagados de gusanos de seda y se estaba experimentando la factibilidad comercial del proyecto. Creo que finalmente no se llevó a cabo la explotación comercial. La estancia era de Giuseppe Zaccagnini, hermano de mi abuela Clara Zaccagnini.
      Somos parientes

  2. Betty Laforcada 2017/03/26 18:05 Responder

    Yo viví alrededor de los años ’60 porque mi papá era mayordomo de la estancia y recuerdo que en el casco principal había canastos llenos de capullos de seda como así también la plantación de moras contiguas al camino de árboles de robles con el piso cubierto de hojas, pero en aquella época los gusanos no existían.

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