“LA CAUTIVA DIONISIA GONZÁLEZ”

La Cautiva Dionisia González

La Cautiva Dionisia González
Ilustración de Serafina Ruíz Borracer

La presencia del blanco progresivamente, durante tres siglos, fue despojando a los Pueblos Originarios de sus tierras. Como consecuencia fueron perdiendo los medios de subsistencias de sus familias, al reducirse el espacio de caza y recolección de frutos silvestres.

El malón fue la respuesta desesperada a ese despojo, mediante el cual pretendían infructuosamente recuperar sus tierras, hacerse de recursos mediante el arreo de hacienda y golpear a sus enemigos tomando cautivos.

Uno de estos malones, ocurrido en Saladillo en 1850, tuvo como protagonista a la joven Dionisia González, que fue tomada cautiva por los indios, pero que logró escapar. Su relato ofrece detalles muy interesantes sobre estos malones.

La nota es acompañada con una ilustración del episodio, realizada por Serafina Ruíz Borracer y una poesía que Susana Esther Soba le dedicó a la joven.

En la mañana del 23 de mayo, unos cien indios, al mando de los caciques Calfucurá y Pancho, lanzan un malón sobre el sur del Partido de Saladillo, llegando hasta la estancia de Leonchos, residencia del Juez de Paz don Casimiro Villegas. Los acompañaban un grupo de cristianos, reconocibles por hablar bien el castellano y el corte de sus pelos. Era frecuente, que perseguidos políticos o quienes tenían cuentas pendientes con la justicia, se fueran a vivir a las tolderías, como relata el Martín Fierro.

Los indios en su mayoría iban armados de boleadoras solamente, pero los cristianos también llevaban lanzas. Este es un dato importante al leer el parte con las nóminas de muertos y heridos, donde se observa que la mayor crueldad fue desplegada por los cristianos.

Todos aparecieron atados de pies y manos. Fueron muertos: Gerónimo Guevara de 10 lanzazos; Marcos González (5 lanzazos); Juan Montero (14 lanzazos); Claudio Rodríguez (24 lanzazos); Hilario Morales (12 lanzazos) y Pedro Galván (15 lanzazos).

Quedaron gravemente heridos Domingo González y Damaro López.

Huyeron luego en dirección al oeste, arriando gran cantidad de caballos y manadas de ovejas. Fueron tomados cautivos: Eufemio González de 8 años; Francisco González (6 años); Eliseo Rivero (4 años); Marcelina Rodríguez (9 años); Jacinto Rodríguez (8 años); Justiniano Rodríguez (7 años); Pedro Rodríguez (5 años) y Dionisia González de 15 años.

Avanzaron campo adentro, como dos días. En la segunda noche los indios se inquietaron porque observaron unas fogatas en el horizonte. El cristiano que custodiaba a Dionisia González, le aconsejó que se quedara en la retaguardia por precaución. Esta circunstancia, en un descuido del custodio, le permitió huir a galope precipitado, llegando al cabo de un día hasta la casa del Juez de Paz, adonde estuvo a salvo.

En su relato, Dionisia cuenta haber reconocido entre los indios al Chinito Encarnación, hijo de la india Tuerta Carmen (1) y sobrino del indio Nicolás, pertenecientes a la indiada de Tapalquén y conocidos en esta zona porque venían a vender tejidos. Esto demuestra que en los tiempos de paz, había un trato comercial con los Pueblos Originarios.

Nuestra poeta, Susana Esther Soba, dedicó los siguientes versos a la joven cautiva Dionisia González:

 

Muchacha de estas comarcas.

Adolescente de sueño.

Nacida para el amor.

Nunca para el cautiverio!

 

En la mañana de otoño

la oscura mata de pelo,

le cae sobre la espalda

trenza en flor y floreciendo.

 

En la greda de su rostro

Se vuelve sonrisa el tiempo.

Y es musical su cintura.

Cántaro fino su cuerpo.

 

Pájaro criollo en el aire.

Pollera suelta en el viento.

Ramita de sauce verde.

Vincha de sol chacarero.

 

Pero ahora en este Mayo

De cobre, óxido, hierro,

Dionisia González clama

solitaria y padeciendo.

 

Porque el malón se ha lanzado

como un rayo desde el cielo,

y a la doncella la roba

entre quejas y lamentos.

 

Campo afuera del Salado,

galope, lanzas, rastreo,

la indiada va hacia el oeste

apurando en el regreso.

 

Y a la Dionisia, los montes

y el pajonal del desierto,

la ven pasar sollozando

desgajada por el miedo.

 

Y son los días, terribles,

y son las noches, tormento,

para esta dulce cautiva,

ramita, vincha, aguacero.

 

Pero al fin ella consigue

burlar guardia y carcelero,

y desandar sigilosa

el camino del destierro.

 

La siguen voces obscuras.

Un horizonte violento.

Una bandera de sombra.

Un alarido siniestro.

 

Y así anda noche y día

por esos campos sureños,

hasta que vuelve a encontrar,

su pan, su abrigo, su techo.

 

Muchacha de estas comarcas!

Adolescente del sueño,

nacida para el amor.

Nunca para el cautiverio.

 

Yo te debía este canto

por tu aventura y tu riesgo,

y aquel coraje hecho historia

de Saladillo, mi pueblo.

 

Susana Esther Soba.

 

(1) http://historiasaladillo.com.ar/hs/2013/12/la-india-tuerta-carmen-un-homenaje-a-la-mujer-originaria/

One Comment

  1. maria adriana di leo 2016/02/28 12:17 Responder

    Precioso, simplemente bello, que historia aventurera, lejana y cercana a la vez!

Deja un comentario

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>