SE ENCUENTRA A LA VENTA “CALLES Y ESPACIOS PÚBLICOS DE SALADILLO”

Calles y Espacios Públicos de Saladillo

Calles y Espacios Públicos de Saladillo

“Calles y Espacios Públicos de la Ciudad de Saladillo – Razón de sus nombres” es el libro que Alejandro Mariotto presentó el 26 de setiembre en la Biblioteca Mitre (1). Escrito en un lenguaje ameno el autor nos propone un recorrido por la historia, transitando las calles y espacios públicos de nuestra ciudad.

Una obra que no puede faltar en las bibliotecas de los saladillenses!

Quienes deseen adquirirla pueden contactarnos a través del mail historiasaladillo@hotmail.com o del facebook \Marcelo Pereyra.

A modo de adelanto compartimos el prólogo:

PRÓLOGO

Por casi diez mil años, los Pueblos Originarios transitaron estas tierras siguiendo sus presas de caza. Ellos conocían cada médano, cada laguna, el lugar más conveniente para cruzar un arroyo. Al comienzo, imperceptibles en los pastizales de la pampa, fueron dejando por milenios, rastrilladas por donde andar.

Cuando los primeros blancos se animaron a cruzar el Salado, allá por 1820, tenían trazado el camino. Siguiendo las antiguas rastrilladas indias establecieron las postas, lugares por donde transitaban las tropillas y carretas, llevando y trayendo pasajeros y mercaderías desde la gran ciudad.

Ese camino de las carretas, el “carretero”, será seguido posteriormente por el ferrocarril y la Ruta 205. A la altura del actual pueblo, según refiere Don Orlando Sanguinetti, en su periódico “Las Noticias”, pasaba por la actual avenida Rivadavia, camino al Fortín Esperanza, hoy General Alvear. En el lugar donde se encuentra la plaza, había una bifurcación, con destino a la zona de Polvaredas y al Partido de Las Flores, siguiendo aproximadamente la actual avenida Moreno.

Éste era un punto estratégico, y más allá de las rodadas de caballo, los patos y las gallaretas, sin duda influyó en la decisión del Ministro Mariano Acosta al momento de fundar el pueblo.

Allí clavó una estaca el agrimensor Enrique Nelson y comenzó con el trazado de las manzanas y calles del “Tránsito del Saladillo, como inicialmente se lo llamó. Se reservó para plazas, a la manzana central y a las cuatro de los vértices del pueblo.

Al principio bastaba con dar alguna referencia del lugar para poder localizarlo fácilmente. Así, por ejemplo, en los “Cuadros Estadísticos” de José Antonio Rossi, encontramos que la “Sastrería del Pobre Diablo” de José Valva, se ubicaba “al lado de la tienda de los señores Rodríguez y Lallave”. O que el café, posada, fonda y billar de Ángel Terrile y Hermano, “deben buscarla a una cuadra de la plaza, en la calle que pasa por delante del Juzgado y de la iglesia”.

Pero en la medida que el pueblo crecía, este modo de señalar las direcciones se volvía obsoleto. En medio de varias medidas de desarrollo urbano, promediando el siglo XIX, Juan Claudio Demaría definió la nomenclatura de nuestras calles y espacios públicos. La plaza principal, ornamentada según el diseño de Eduardo Holmberg, pasó a llamarse de “La Unión”. Las avenidas que la rodean recibieron el nombre de próceres nacionales: San Martín, Belgrano, Rivadavia y Moreno. Las calles que las atraviesan fueron nominadas con un sentido federal, recibiendo el nombre de las provincias. Las cuatro plazas de las esquinas del pueblo fueron llamadas: “Falucho”; “España”, en honor a la numerosa colectividad aquí residente; “Italia”, por igual motivo que la anterior, a la actual cancha de Argentinos; y “De la Cruz”, a la manzana que desde 1906 ocupa el Hospital Dr Posadas. El nombre de esta última era por una cruz allí plantada durante una misión realizada por el Arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Aneiros. Para las calles de la circunvalación, se reservaron nombres vinculados a la historia local: Antonio Bozán, Dionisio Pereyra, Máximo Cabral y 31 de Julio. Esta fecha recordaba el día de la firma del Decreto que dio origen a Saladillo. Es así como el barrio circundante a la calle “31 de Julio” (actual Mariano Acosta) se llamó el barrio de “La 31”. Incluso se le dio nombre a alguna de las calles de la sección quintas, como a la que pasa por delante del cementerio, hoy Ledesma, que antiguamente se llamó Colón.

Pero nada es para siempre, esta nomenclatura inicial fue sufriendo modificaciones con el transcurso del tiempo.

El primer cambio significativo se produjo al fallecimiento de Mitre, cuyo nombre fue dado a la antigua Buenos Aires. El primer homenaje en vida se le brindó al Ministro Sojo, cambiando el nombre a la calle Corrientes, donde se encontraba su casa paterna. San Juan pasó a llamarse lógicamente Sarmiento y en memoria de Taborda se le trocó el nombre a la calle Salta.

Hubo un intento de cambiarle el nombre al pueblo, por el del General Arias, se decidió que finalmente se lo pusieran a la calle Córdoba, pero esta terminó llamándose Toledo.

Es de la Década Infame el nombre de Roca a la calle Santa Fé y de los tiempos de Yrigoyen el de 12 de Octubre a la anterior Rioja.

Los peronistas decidieron homenajear al radical Emparanza, cambiándole el nombre a la calle Jujuy. Los radicales molestos con este acto le erigieron ellos un monumento en la plaza, el que tiempo después desapareció y fue encontrado en el arroyo.

Al fallecimiento de “Evita”, se le puso su nombre a la avenida Rivadavia y se levantó un monumento en la plaza, en la intersección con Belgrano. Llegada la Revolución Libertadora, el monumento fue derribado y la avenida volvió a llamarse Rivadavia.

Y el pueblo siguió creciendo, y se abrieron nuevas calles y se crearon nuevos espacios públicos. Cada generación de saladillenses fue dejando su impronta en esos lugares. Algunos nombres cambiaron, otros permanecen, otros necesariamente se suman.

Nuestras calles hablan de nosotros, los que por ellas transitamos, los que en ellas vemos transcurrir la vida.

¿Por qué la calle en que viví mi infancia se llama Joaquín V González? ¿Quién fue Scalabrini Ortíz, que le da nombre a la calle de mi abuelo? ¿Tanta importancia tiene Rivadavia para Saladillo, que nuestra principal avenida lleva su nombre? ¿Por qué no hay una calle en homenaje a los Pueblos Originarios, los primeros en hacer camino en estas tierras?

A estas y tantísimas otras preguntas que podemos hacernos, trata de dar respuesta Alejandro Mariotto. Su padre, Ruben Mariotto, fue el encargado de sellar al vacío el frasco conteniendo los mensajes de la generación de saladillenses del Centenario, a la generación del Sesquicentenario.

Como si de un legado familiar se tratase, Alejandro hace un alto en sus tareas profesionales y se preocupa, y se ocupa, por la conservación de nuestra memoria pueblerina.

“Calles y espacios públicos de Saladillo, razón de sus nombres” es un aporte invalorable a nuestro acervo cultural. En sus páginas encontraremos nuestra propia historia, plasmada en el nombre de las calles por las que circulamos. Será una valiosa herramienta para los docentes que tengan que saciar los interminables “por qué” de nuestros chicos, que inexorablemente nos preguntarán quién era el del cartelito de la esquina.

Servirá también para que quienes nos visiten y quieran conocernos encuentren las razones de nuestra identidad volcada en la nomenclatura urbana.

Es finalmente una interpelación a preguntarnos si nos sentimos identificados en el nombre de nuestras calles.

Felizmente, el nombre y las páginas de Alejandro Mariotto, se suman a las de José Antonio Rossi, Manuel Ibáñez Frocham, Orlando Sanguinetti, Miguel Ángel Volonté, Carolina Buren, Luis Santiago Lambert, Luis Adolfo Borracer y Alberto Benítez.

Marcelo Pereyra

(1) http://historiasaladillo.com.ar/hs/2015/09/alejandro-mariotto-sumo-un-nuevo-libro-a-nuestra-historiografia-local/

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