“DON JUAN CUEVAS: EL COCHERO DE YRIGOYEN”

Don Juan Cuevas

Don Juan Cuevas
Fotografía: Periódico “La Semana” – 07/03/1926

Nací en Buenos Aires el 26 de Junio de 1845”, contaba Don Juan Cuevas achicando los ojos, como queriendo ver el tiempo tras el humo de su cigarrillo.

De joven aprendió a ganarse la vida transitando de posta en posta, como conductor en las tropas de carretas (1). Fue así como llegó a los pagos del Saladillo, poco tiempo después de que don Juan Manuel de Rosas creara el Partido de ese nombre y antes de la fundación del pueblo.

Era el suyo un oficio de riesgo, cruzar el Salado, soportar heladas, lluvias y vientos, pero sobre todo el peligro siempre latente del ataque de indios que defendían sus tierras.

Una de las estancias de entonces, por las que solía pasar el “Negro” Cuevas, como se lo conocía, era la de José Gabriel Ortíz Bassualdo. Ese campo había sido entregado en enfiteusis al agrimensor Teodoro Schuster, en los tiempos de Rivadavia (2). Luego perteneció a Pedro Scheridan, posteriormente a José Portuguéz y finalmente a Ortíz Basualdo. Como testimonio del riesgo al que referimos, un malón incendió el casco de dicha estancia, que desde entonces fue conocida como “El Quemado”.

Hipólito Yrigoyen

Hipólito Yrigoyen

Fundado el pueblo del Saladillo (1863) y llevados los rieles del ferrocarril hasta el pueblo de Lobos (1872), el campo laboral de Cuevas pareció reducirse. Se aquerenció entonces en Saladillo y junto a los señores Forges y Cuello montaron una empresa de acarreo desde este punto hasta la estación de Lobos.

Es propio de los hombres que trabajan transitando caminos establecer vínculos con autoridades policiales. Fue así como en ese tiempo don Juan Cuevas conoció y se hizo amigo del Comisario de Balvanera, Don Hipólito Yrigoyen. La amistad se extendió también a Martín, hermano de Hipólito, y al tío de ambos, Don Leandro N. Além.

Seguramente, en largas ruedas de mates, Juan se interiorizó de las ideas políticas de sus amigos. Hombre de trabajo como era, se sintió representado en esas ideas que proponían terminar con los privilegios de pocos y los fraudes electorales. Acostumbrado como estaba a ponerle el cuerpo al peligro en la frontera pampeana, no dudó en arriesgar su vida en la Revolución del Parque (1890), hora en la que nacía la Unión Cívica.

Veintiséis años pasarían para que la lucha diera sus frutos y el amigo del “Negro” Cuevas alcanzara la primera magistratura. Pero hasta que llegara esa hora don Hipólito necesitaba asegurar su subsistencia y quien sabe si no habrá sido su amigo Cuevas quien le comentó de las virtudes de los campos de la zona, que el viejo carrero conocía a la perfección. Fue entonces que Yrigoyen arrendó la vieja estancia “El Quemado” en el Partido de Alvear y “Los Médanos” en Norberto de La Riestra. El negocio de Yrigoyen consistía en comprar hacienda para engorde y en esto fue su asistente otro amigo que tenía en Saladillo, Don Juan Miguel Peña (3).

Para moverse por estas zonas necesitaba un hombre de su confianza, discreto, capaz de guardar secretos políticos y personales. ¡Y quien mejor que Juan Cuevas para esa función!

Tengo el honor de ser amigo personal del expresidente Dr. Yrigoyen y de su hermano Don Martín también lo fui – decía Juan Cuevas en 1926 – Recuerdo como si ahora fuera, cuando solía llevar en mi coche a Don Hipólito hasta «El Quemao». En aquellos tiempos la policía secreta lo vigilaba en todos sus viajes”.

La persecución policial exigía ser precavidos en la correspondencia, y las intimidades de “El Quemado” también exigían discreción. Cuevas fue insobornable en ese sentido. “Nunca me contó nada de lo que sucedía en El Quemado” testimoniaba el Doctor Guillermo Hansen, conocido de Cuevas.

Pero Yrigoyen era un hombre público y todo trasciende en el mundo de la política. Los secretos de “El Quemado” igual se conocieron, a pesar de la fidelidad de don Juan Cuevas.

Ortíz Basualdo vendió “El Quemado” en 1867 a Antonio Cambaceres. El hijo de éste, el célebre escritor Eugenio Cambaceres se hizo cargo posteriormente de la estancia. Distintos pasajes de su libro Sin Rumbo, narran episodios desarrollados en “El Quemado”.

Eugenio Cambaceres

Eugenio Cambaceres

Hacia 1880, llegaron a Buenos Aires dos hermanas bailarinas, Luisa y María Bacichi. Eugenio Cambaceres y su amigo Federico Álvarez de Toledo se enamoraron de ellas y se formaron dos parejas. La de Federico y María no perduraría. Toledo se casaría años más tarde con María Antonieta Faix (4). Pero Cambaceres encontró en Luisa a la que sería la mujer de su vida. De esta pareja nació en París, Rufina Cambaceres, el 31 de mayo de 1883. No obstante, el casamiento de Eugenio y Luisa se produjo recién cuatro años más tarde, actuando como testigo su viejo amigo Federico Álvarez de Toledo. Pero Eugenio padecía de tuberculosis y lo encontró la muerte en su regreso a Buenos Aires.

La joven viuda y su pequeña hija fueron las herederas de su fortuna, la que incluía la estancia “El Quemado”. La ex bailarina no estaba preparada para las vicisitudes que implicaban administrar una estancia y decidió arrendarla. Fue así como conoció a don Hipólito Yrigoyen, quien como quedó expresado lo arrendó para la producción ganadera.

Yrigoyen tenía la cautivante personalidad de los grandes líderes y la viuda de Cambaceres no escapó a ella. Primero fue la amistad y luego una relación sentimental, de la que nacería Luis Hernán, el hijo de Yrigoyen. De esta relación supo y fue testigo Juan Cuevas, aunque nunca nadie le escuchó decir una palabra sobre ello.

Locomotora en la Estación Micheo

Locomotora en la Estación Micheo

El ferrocarril había llegado en 1884 a Saladillo (5) y en 1897 se extendió hasta Alvear. En este nuevo ramal se estableció la estación Micheo, la que lo dejaba a Yrigoyen mucho más cerca de “El Quemado”. Allí lo iba a buscar Juan Cuevas y cuenta la tradición que lo llevaba a gran velocidad por entre los campos cortando los alambrados divisorios. La principal dificultad se presentaba en el cruce del arroyo Las Flores, para lo cual había preparada una maroma, consistente en un bote atado a un cable tendido entre ambas orillas. Posteriormente se construyó un puente de madera y luego de su primera presidencia, la empresa Ferrocarril del Sud, le regaló un puente hierro que todavía se conserva.

Puente de Hierro sobre el arroyo Las Flores

Puente de Hierro sobre el arroyo Las Flores

El 31 de mayo de 1902 otra tragedia golpeó la vida de Luisa Bacichi. En el mismo día de su cumpleaños, mientras se preparaba para asistir al Teatro Colón, su hija Rufina cayó muerta repentinamente. Una lluvia torrencial hizo que no pudiera ser sepultada y se la dejó en la capilla del cementerio de la Recoleta. Al día siguiente, la joven apareció aferrada con su mortaja al portal del cementerio. Había sufrido un ataque de catalepsia y víctima del espanto murió al querer salir de la necrópolis. Otras versiones indicarían que lo ocurrido fue tan sólo que el féretro apareció corrido, debido a un intento de robo de las joyas de la difunta. Sea una u otra la versión aceptada, no tardó en aparecer entre los peones de “El Quemado”, el rumor de que cada tanto aparecía por allí el ánima de Rufina.

Sepultura de Rufina Cambaceres en el cementerio de la Recoleta

Sepultura de Rufina Cambaceres en el cementerio de la Recoleta

Luisa prefirió desde entonces recluirse más tiempo en su estancia, en compañía de su político amante. Tanto en Saladillo como en Alvear era conocida esta relación, tal es así que no tardaron en aparecer versos en el juego del truco, que hacían referencia a ello:

En el campo del Quemado/ había un nidito de amor/ donde habitaba el «Peludo»/ y una viuda que era flor”.

O este otro:

En el campo del Quemado/ donde habitaba el «Peludo»/ en un juego entreverado / la viuda le cantó truco”.

Luisa había muerto en 1924, pero Yrigoyen siguió ocupando “El Quemado” hasta finales de 1926, antes de su segunda presidencia. “Hace poco – comentaba el anciano Juan Cuevas – le fui a visitar al mismo establecimiento donde antes fuera con más frecuencia”.

La estancia fue comprada por don Eduardo Pedro Maguirre. Su sobrino Santiago fue a hacer un reconocimiento y el mismo Yrigoyen lo acompañó en el recorrido toda una mañana. Cuando volvieron al casco, don Hipólito le preguntó si gustaba almorzar. Maguirre aceptó esperando que alguien viniera a servir la mesa. Grande fue su sorpresa cuando vio aparecer al caudillo radical, con una sartén y unos huevos, que frió en el acto. Así era la sencillez de aquel hombre.

En sus años ancianos, Cuevas vivió en la pobreza junto a su esposa, desempeñando el puesto de capataz de 3º en la Defensa Agrícola del Ministerio de Agricultura de la Nación.

Pero, cuando su viejo amigo fue derrocado en el golpe septembrino de 1930, también él perdió su trabajo. “Ahí va el cochero de Yrigoyen”, murmuraban los vecinos de Saladillo que lo veían deambular por las calles.

Don Juan Cuevas falleció el 15 de enero de 1933. Tenía 87 años y sus restos descansan en el cementerio de Saladillo. Seis meses más tardes moría también su amigo Hipólito, con uno de los funerales más grandes que recuerde la historia argentina.

Sepelio de Hipólito Yrigoyen

Sepelio de Hipólito Yrigoyen

(1)   http://historiasaladillo.com.ar/hs/2015/07/las-postas-en-el-antiguo-saladillo/

(2)   http://historiasaladillo.com.ar/hs/2015/10/la-enfiteusis-el-reparto-de-la-tierra-en-manos-de-unos-pocos/

(3)   http://historiasaladillo.com.ar/hs/2016/02/don-juan-miguel-pena-el-amigo-de-yrigoyen/

(4)   http://historiasaladillo.com.ar/hs/2014/02/don-federico-alvarez-de-toledo-y-la-piedra-fundacional/

(5)   http://historiasaladillo.com.ar/hs/2014/09/130-anos-de-ferrocarril-en-saladillo/

2 Comments

  1. Alejandro Mariotto 2017/02/17 2:00 Responder

    Muy buena nota, como ya nos tiene acostumbrado este hermoso portal. Felicitaciones!!!

  2. miguel terradas 2017/02/26 1:50 Responder

    Muy interesante la nota!!

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