“BARES DEL VIEJO SALADILLO”

Bar Rivadavia

Bar Rivadavia
Fotografía de la Colección del Museo de Saladillo

De chiquilín te miraba de afuera…”, escribía el gran Discepolín evocando los cafetines porteños. Y Saladillo tuvo también los suyos, con esa mística de los lugares preparados para el ocio que nos invitan a filosofar. Largas horas con amigos, partidas de billar y naipes, un cortado, alguna copa de más, sonoras carcajadas y alguna que otra pelea. Comentarios interminables sobre el partido del domingo, airadas discusiones de política y muy probablemente en ellos se dieran también las primeras evocaciones de nuestra historia.

En esta nota recordaremos aquellos bares más antiguos, perdidos en la nebulosa del tiempo. Pero la propuesta es que ella sirva de incentivo para recordar otros más recientes, a los que hemos concurrido quienes todavía vivimos en nuestro Saladillo. Por eso los invitamos a acercarnos anécdotas, recuerdos, fotos, que nos permitan reconstruir la historia de por ejemplo, entre otros, los bares “San Martín”, “Moreno” o “Rivadavia”, con cuya inauguración termina este artículo.

Apenas fundado el pueblo surgieron los bares como un lugar necesario para matar la monotonía. Cinco cafés, billares y confiterías se habían instalado para 1872, según nos cuenta José Antonio Rossi. Y allí estaban: Manuel Rodríguez, Antonio Torrontegui, Ángel Terrile, Adán Molfino y Carlos Cailliat.

El de Manuel Rodríguez llevaba por nombre “El Progreso” y estaba ubicado en la esquina que actualmente ocupa el Club Social. Era también posada y en su servicio se destacaba un espacioso salón con dos billares.

Similares características presentaba el negocio de Ángel Terrile, que en aquel tiempo, en el que todavía las calles no tenían nombre, se anunciaba indicando: “Al efecto, deben buscarlo a una cuadra de la plaza, en la calle que pasa por delante del Juzgado y de la Iglesia”.

Adán Molfino, fundador de una familia con larga tradición en este rubro tenía instalado su bar en la esquina de Rivadavia y Belgrano. En la de Belgrano y San Martín estaba la de Carlos Cailliat, cuñado de los hermanos Cabral.

Fernando Etchegoyen

Fernando Etchegoyen
Propietario del Bar El Aguila (El Argentino 25/05/1910)

Tiempo después abrió también la confitería de Buyó, la que en 1902 fue comprada por los señores  Fernando Etchegoyen y Sánchez, quienes instalaron el café “El Aguila”, en Rivadavia 350, entre Moreno y Corrientes (Sojo). Como algo novedoso se informaba en 1907, que en dicha confitería “hemos visto una heladera conseguida por intermedio de la cervecería «Quilmes». En ella se conservarán los fiambres y se tendrá helada la cerveza, disponiendo siempre de agua fresca, que tanto se solicita en la estación que estamos”. (“El Pueblo” – 06/10/1907).

Interior del Bar El Aguila

Interior del Bar El Aguila
Fotografía de “El Argentino” – 25/05/1910

Posteriormente, “El Aguila” fue de don Segundo Armendáriz, siendo representante de las conocidas marcas de café «Paulista» y «La Brasileña». Ellos impusieron la modalidad de realizar cada año un concurso de máscaras, durante los días de carnaval. Relojes, cadenas de oro y cubiertos de plata eran los atractivos premios para las categorías de máscaras «cocoliche», «gauchesca» y «espiritual».

Hacia 1913, este bar fue adquirido por Salvador García, quien introdujo importantes reformas, modernizándolo al mejor estilo de los grandes bares de Buenos Aires.

Publicidad del Bar El AguilaDon Miguel Santiago, junto al viejo “Coliseo” de la Sociedad Española, tenía la “Confitería del Teatro”. En “El Argentino” del 30 de noviembre de 1902, puede leerse su anuncio: “Me complazco en participar a este vecindario, que con motivo de entrar en la estación de verano, he resuelto dar mayor impulso a mi negocio de confitería, dotándola de todo lo necesario como para establecer un servicio completo y esmerado, que satisfaga los deseos de mi numerosa clientela. En esta casa que cuenta con un buen surtido de bebidas legítimas, se podrá tomar los buenos aperitivos, chops, cerveza, etc., etc., todo completamente fresco que es lo que constituye una verdadera delicia en el tiempo de los calores”.

Años después, la “Confitería del Teatro” perteneció a la señora Benita A. de Cancela y luego a los señores Francisco Costa y Feliciano García. En 1916 pasó a manos de los Hermanos Molfino, quienes venían con una tradición familiar en el rubro desde los años fundacionales de Saladillo. Estos jóvenes empresarios agregaron a su negocio la venta permanente de fiambres y bombones de las mejores clases. Además, dos veces por semana, ofrecían la venta de ravioles hechos expresamente por un profesional de fama reconocida.

Publicidad del Bar del TeatroPor el mismo tiempo, en el local que antes fuera del “Hotel El Globo”, actual “Edificio Mayo”, Raimundo Ruíz abrió la “Nueva Confitería Del Globo”, con especialidad en vinos finos y licores.

Con el nombre de “La Vizcaina”, Victorino Yzco inauguró a comienzo de 1903, su restaurant, café y billar, en la esquina de San Martín y Corrientes (Sojo).

Siguiendo una tradición familiar, el joven Remigio Torrontegui, inauguró el 18 de mayo de 1905, su confitería, café y billares “El Argentino”, convirtiendo a la esquina de Moreno y Buenos Aires (Bartolomé Mitre), en un lugar de referencia a la hora de buscar un bar. Como adelantándose al paisaje urbano que un siglo después seguimos disfrutando en esa esquina, el señor Torrontegui colocó “unos espléndidos toldos de lona, que abarcan todo el ancho de la vereda, al estilo de los existentes en la Avenida de Mayo de la Capital, que en el verano harán las delicias de sus numerosos clientes” (“El Pueblo” – 01/10/1905). La instalación de ventiladores y la elaboración de helados fueron una novedad para el Saladillo de principios del siglo XX. Se sumó también un excelente cinematógrafo que funcionaba dos veces por semana. Era además de los pocos negocios que contaba con alumbrado eléctrico.

Bar Moreno

Bar Moreno
Esquina en la que antiguamente estuvo el Bar El Argentino de Remigio Torrontegui

Los domingos por la tarde había sesiones especiales dedicadas exclusivamente a las familias y a los niños, con entrada por la calle Bartolomé Mitre, de manera que no hubiera ningún contacto con la sala de billares y demás dependencias de la confitería.

En estas sesiones especiales las vistas serán morales e instructivas, presentándose algunas del género jocoso, que harán las delicias del mundo infantil. En los entreactos habrá grafófono”. (“El Pueblo” – 31/05/1906).

Publicidad del Bar El ArgentinoEn 1914, nuevos dueños efectuaron refacciones para mejorar el confort y lo denominaron “Bar Americano”.

Otro de los cafés que ofrecía servicios cinematográficos era “El Pueblo” de Fernández Hnos, en la esquina de Belgrano y Bartolomé Mitre. Las funciones se ofrecían todos los días, al igual que su servicio de vermouth.

En 1909, don Fidel J de Lara abrió las puertas del “Gran Café Colón”, café, bar, confitería y cinematógrafo. Su local se destacaba por su lujo, confort e higiene. En septiembre de 1910, la firma fue transferida a los jóvenes Segundo L. Armendáriz y Emilio Fontan. En 1911, fue rematado por orden judicial y en 1912 nuevos dueños lo reabrieron con el nombre de “Bar París”. Pero estos tuvieron corta duración, adquiriéndolo los señores V. Toja de Ortuzar y Juan Coto, quienes lo rebautizaron “Vizcaya”.

El 15 de septiembre de 1915 abrió al público el “Bar Newbery”, de los señores Armendáriz, Zabala y Villaverde, con local en avenida Moreno, frente a la Plaza 25 de Mayo. A partir de 1917 continuó siendo de Segundo Armendáriz y José Miramont.

Publicidad del Bar NewberyEl periódico “La Semana” del 17 de abril de 1921 anunciaba que en el “Bar Newbery”, los señores Armendáriz y Miramont “acaban de adquirir una instalación eléctrica para tostar y moler café. No se crea que se trata de un cuento, se trata de algo tan real como puede serlo cosa que cuesta dos mil pesos. «Son máquinas de lo más moderno y de lo mejor – nos decía don Segundo – y se hará en ellas las mezclas de café»”.

Salón del Bar Newbery

Salón del Bar Newbery
Fotografía de la Colección del Museo de Saladillo

Según cuenta Alberto Benítez en su “Cronología Histórica”, el 10/11/1913: “Acompañado de Razzano, canta en la vereda del bar Newbery, de Armendáriz y Miramont, un ilustre desconocido: Carlos Gardel. En este local se instala más tarde la tienda La Platense”. Una placa recuerda este hecho en la vereda del antiguo edificio, pero indica que la fecha habría sido 1912. Ningún periódico de la época menciona el suceso, lo cual es lógico, porque como señala Benítez, se trataba de un “ilustre desconocido”. No obstante nos quedan dudas, porque lo que sí indican los periódicos de la época, “El Pueblo” y “La Semana”, que consultamos para esta nota, es que la inauguración del Bar Newbery fue en septiembre de 1915, es decir dos o tres años después de la fecha mencionada. Además, la incorporación de Miramont fue recién en 1917. Pudo ocurrir que otro bar funcionara previo al Newbery, así como también que haya sido otro el lugar donde cantó Gardel. Los elementos con que contamos hasta ahora, no nos permiten afirmarlo. Tal vez algún lector o futuras averiguaciones nos permitan echar luz sobre este episodio que la tradición local tiene por cierto.

Viejo local del Bar Newbery y La Platense

Viejo local del Bar Newbery y La Platense

Carlos Gardel junto a la placa que lo recuerda

Carlos Gardel junto a la placa que lo recuerda
Fotomontaje de Matías Vidal

Carlos Gardel en la vereda del Bar Newbery

Carlos Gardel en la vereda del Bar Newbery
Fotomontaje de Matías Vidal

En avenida Belgrano, entre Rivadavia y Bartolomé Mitre, el señor Jorge Gomila, inauguró un moderno bar al que llamó “La Armonía”. El servicio de lunch y las mesas de billar fueron un atractivo para su exigente clientela, a lo que se sumó la adquisición de un piano que ejecutaba todas las noches el profesor Antonio Paricio.

El señor Ramón Labernia, representante del acreditado café “Costa Rica” abrió un bar con ese mismo nombre. Allí, todos los jueves y sábados por la noche actuaba la orquesta Sánchez – Villanueva, compuesta por jóvenes de la localidad. Los clientes del bar “Costa Rica” se deleitaban con los tangos y shimys más en boga. Pero el gran atractivo lo constituyó la instalación de un potente aparato radiotelefónico, que permitía escuchar con toda claridad las audiciones de las radios capitalinas.

Publicidad del Bar Costa Rica

El “Bar Ideal” perteneció a los socios Alejandro Freda y Raúl Rotela. “Este acreditado reducto del género masculino, frecuentemente distinguido sin embargo, con la presencia de algunas damas a la hora del vermout, constituye en Saladillo un importante centro de expansión digno de considerarse”, manifestaba “La Semana” del 17 de mayo de 1931.

Así llegamos a Julio de 1931, cuando se anunciaba la apertura de un bar cuya existencia llegaría hasta nuestros días:

Para el 9 de Julio cte. Se anuncia la inauguración del nuevo café, bar y billares «Rivadavia», propiedad de los estimados jóvenes José Miramont y Francisco Fosco, personas de reconocida competencia para las actividades que van a iniciar, lo cual anticipa el mejor éxito comercial para su negocio.

El nuevo bar funcionará en la calle Rivadavia, frente a la plaza principal, ocupando el local ubicado entre la librería Belgrano y la tienda Roma, habiéndose instalado de acuerdo con todas las exigencias que requiere un comercio de esta naturaleza.

Por los prestigios personales de los jóvenes propietarios y por la privilegiada ubicación del nuevo negocio, no es difícil predecir el éxito que señalamos, como en realidad se lo merecen Miramont y Fosco que es la firma que girará el bar «Rivadavia»”.

Bar Rivadavia en 1935

Bar Rivadavia en 1935
Fotografía de la Colección del Museo de Saladillo

Este no es un final, es una historia que queda abierta. Reiteramos nuestra invitación para que entre todos recordemos a los bares de los años ’30 en adelante.

2 Comments

  1. MABEL BEATRIZ REPRESAS 2017/03/05 15:33 Responder

    QUÈ HERMOSO TEXTO INFORMATIVO.PARA CONOCER NUESTRO PASADO,ENTENDER NUESTRO PRESENTE Y PROYECTAR NUESTRO FUTURO.FELICITACIONES .

  2. Alejandro Mariotto 2017/03/15 0:59 Responder

    Muy linda nota sobre los Bares del Saladillo antiguo. Cuanta historia tienen los Bares. Que importante función social cumplieron y aún cumplen, casilla de correo de quienes viven en el campo, lugar de encuentro y esparcimiento, reuniones sociales, etc. Que vivan los Bares!!!!!!

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