“LA ALPARGATERÍA DE LOS HERMANOS MARTÍNEZ”

La Alpargatería de los Hermanos Martínez

La Alpargatería de los Hermanos Martínez
Fotografía: “El Argentino” – 07/10/1988

La alpargata, sencillo calzado de lona con base tejida de fibras vegetales, tiene desde antiguo una amplia difusión en España. Su bajo precio y uso cómodo hizo que fuera adoptada por todos los países de América.

Fueron precisamente los inmigrantes españoles quienes trajeron sus técnicas de fabricación y la vendieron entre los trabajadores industriales de Buenos Aires y la gente del campo en el interior del país.

A tal punto se popularizó su uso, que se volvió símbolo de las luchas políticas en los tiempos del peronismo, con la célebre frase “Libros No, Alpargatas Sí”. Y entre la gente del campo, quedó asociada por siempre a las colecciones de almanaques de Florencio Molina Campos.

Todos estos elementos están presentes en la historia de una alpargatería que funcionó en Saladillo, bajo la marca “2 M M”.

A comienzos del Siglo XX, a orillas del río Ebro, en la provincia de Logroño, al norte de España, vivía una prolífera familia en un pueblito llamado Ribafrecha. Su apellido era Martínez y sus tres pequeños hijos eran Florentino, Claudio y Gregorio, al que decían “Goyo”. El patrono del pueblo era San Bartolomé y los pequeños Martínez oficiaban de monaguillos en su celebración cada 25 de agosto.

La Primera Guerra Mundial había dejado en una situación complicada a las naciones europeas. En España, particularmente, no se avizoraban tiempos de paz duradera. Muchos partían hacia América, donde ya muchos connacionales habían encontrado un mejor lugar donde vivir.

Un tío de la familia Martínez fue el primero en hacer punta y se vino a Buenos Aires a practicar el oficio que mejor sabía hacer: fabricar alpargatas. Tiempo después el joven Florentino siguió sus pasos y aprendió el oficio de su tío.

Más tarde, el 4 de diciembre de 1923, Claudio zarpó a bordo del buque “Infanta Isabel de Bordón” y arribó al puerto de Buenos Aires el día 22, a reencontrarse con su hermano y su tío.

Al principio Claudio intentó sumarse a la fabricación de alpargatas, pero el trabajo no daba para los tres, por lo que se fue a trabajar al puerto, a hombrear bolsas. Posteriormente trabajó de mozo en un bar de Caseros. Pasaron 4 años y el progreso que había venido a buscar en América, no llegaba. Fue entonces cuando acordaron con Florentino buscar algún pueblito más chico para instalar una fábrica de alpargatas, dónde la competencia fuera menor.

El 29 de julio de 1927 tomaron el tren del Ferrocarril Provincial, en la estación Avellaneda. Llegaron hasta la Estación Saladillo Norte, ya que la de Saladillo sería inaugurada recién 3 meses más tarde. Allá tomaron un coche de alquiler que los trajo hasta el pueblo. Le pidieron al chofer, de apellido Viera, que los llevara hasta un hotel que no fuera muy caro. El hombre los dejó en la puerta del “Hotel Venecia”, de la familia Battistuzzi.

Recorrieron el pueblo buscando un lugar apropiado para alquilar, pero no encontraban nada. Entraron entonces al bar de Armendáriz y Miramont, para tomar algo y con la decisión de partir a probar suerte en 9 de Julio. Allí entablaron conversación con Armendáriz, a quien comentaron de su proyecto. Armendáriz les dijo: “En la esquina de mi casa quieren alquilar un galpón”.

Fueron a verlo, se trataba de un largo galpón de madera, ubicado en la esquina de Moreno y Tucumán (Posadas). Era una construcción antigua, con pisos de madera, por el que pedían $ 60 por mes. Aceptaron el trato y regresaron a Buenos Aires a buscar los materiales.

La inauguración tuvo lugar el 25 de agosto, día de San Bartolomé, el patrono de Ribafrecha. Adoptaron la marca “2 M M”, que en el pueblo era simplemente “La Alpargatería de los Hermanos Martínez”.

Al principio, la fabricación era a mano y llegaban a hacer 3 o 4 docenas diarias. Pronto necesitaron de un empleado y contrataron al “Gordo” Lara.

En el pueblo funcionaba ya otra alpargatería, propiedad de Filomeno Barrenechea, pero había mercado suficiente para ambos.

Poco a poco la pequeña fábrica fue creciendo y decidieron adquirir maquinarias para aumentar la producción. Las primeras que compraron eran a pedal, porque en aquellos años, la usina generadora de electricidad, sólo funcionaba por la noche. Como los pisos de madera no soportaban el cimbroneo de las máquinas, se trasladaron a otro local, ubicado en la esquina del Teatro Marconi.

En este nuevo local estuvieron hasta 1930, cuando adquirieron local propio. En ese año se sumó a ellos su hermano “Goyo” que vino de España, pero pronto éste se radicó en Chivilcoy a trabajar en una alpargatería de aquella ciudad.

“2 M M” llegó a venderse en todas las ciudades de la zona, desde Lobos hasta Olavarría. También se llegaba a todos los pueblitos por los que pasaban ambas líneas ferroviarias.

Se compraron nuevas maquinarias a una alpargatería de Montes y la producción llegó a las 200 docenas diarias. Alrededor de 30 personas trabajaban en sus talleres, en los que las mujeres se dedicaban a las capelladas y los varones al armado de las bases.

Las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial repercutieron en la industria nacional. En ese marco se produjo el crecimiento de la firma “Alpargatas”, cuya publicidad con las pinturas de Molina Campos ha perdurado en el tiempo. También la producción de telas en manos de Bunge y Born incidió en la industria alpargatera.

Don Claudio Martínez

Don Claudio Martínez
Fotografía: “El Argentino” – 07/10/1988

En el año 48, los hermanos Martínez recibieron una oferta de la firma “Alpargatas”, para vender sus productos conservando la marca “2 M M”. El precio ofrecido era inferior al que ellos podían lograr fabricándolos. Además recibirían una importante bonificación proporcional a las ventas realizadas.

Entendieron que no podrían competir y aceptaron el trato. La consecuencia fue que la mayoría de sus empleados quedaron sin trabajo.

Al año siguiente, “Alpargatas” les impuso la condición de trabajar con su marca y les quitó la bonificación. La industria alpargatera de los pueblos del interior se encontraba asfixiada por este monopolio creciente. En Chivilcoy, por ejemplo, la fábrica en la que trabajaba “Goyo” cerró y éste se fue a vivir a Buenos Aires.

Claudio y Florentino eligieron seguir viviendo en Saladillo, pero dedicados a otros rubros.

One Comment

  1. Horacio Bielle 2017/07/12 12:23 Responder

    Tan interesante la historia narrada ,como el grado de contextualización.

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