“EL TRABAJADOR RURAL Y SUS CONDICIONES DE TRABAJO”

Trabajadores rurales en Saladillo (1938)

Trabajadores rurales en Saladillo (1938)
Fotografía aportada por la Sra Bety Rivanera, perteneciente a su padre Nino

El escritor Eduardo Mallea, quien fuera durante muchos años Director del suplemento literario del diario “La Nación”, publicó en 1938 su libro “Historia de una Pasión Argentina”. Allí plantea la dicotomía de una “Argentina visible” y otra “Argentina invisible”. Expresa: “Los trabajadores del poderoso poema viviente de mi tierra estaban ocultos, sumergidos. Esa riqueza humana incalculable era un tesoro oculto, hundido muchos metros debajo de la ostensible nación”.

El periódico “El Argentino” del 22 de octubre de 1938, publica el “Pliego de condiciones de trabajo propuestas por el Sindicato de Obreros Rurales de Saladillo”.

La “Argentina invisible”, que también era invisible entre nosotros, en su condición de tal, no aparecía en los diarios. Pero, la lectura de este “Pliego”, nos permite ver como a trasluz a ese “tesoro oculto” al que refiere Mallea.

El Sindicato de Obreros Rurales y de Máquinas Trilladoras y Anexos tenía su secretaría en Saladillo, en la calle San Martín 335, entre Moreno y Sojo. Eran años en los que el trabajo rural ocupaba mucha mano de obra. La mayor parte del trabajo se realizaba a mano o con precarias máquinas a vapor, de alta peligrosidad. Hacía apenas dos años, el 7 de setiembre de 1936, que en “La Mascota” habían perdido la vida los trabajadores Rufino Carmiglio, Nicolás Pascual, el niño Carlos Pascual de sólo 6 años, Pedro Chávez y Celestino Sosio, resultando heridos Luis Sosio y Gabino Salguero. El fatal accidente se produjo al estallar la caldera de una desgranadora de maíz.

El “Pliego de condiciones de trabajo” tenía por objeto mejorar la situación de los trabajadores y garantizar las medidas de seguridad necesarias. Al tiempo que su articulado es descriptivo de cómo se desarrollaba la actividad, resulta harto insuficiente a nuestra mirada del Siglo XXI.

Comienza por ejemplo estableciendo el límite de la jornada de trabajo: “La jornada de trabajo será de sol a sol, exceptuando casos extremos”. La necesidad de este límite nos hace imaginar el abuso al que estaban sometidos, donde la jornada habitual sería de “sol a luna”.

En nuestra nota “El día del niño pobre”, en la que pusimos de manifiesto otro aspecto de esta misma realidad, dábamos la referencia de que un par de zapatos en aquella época, costaba $ 5,95. El “Pliego” que comentamos establecía en $ 0,30 el salario mínimo por quintal de trigo, avena o cebada. Las cuadrillas, de 10 hombres cada una, se componían de horquilleros, cortadores y bolseros. Otras categorías eran las de foguista, ayudante foguista, aceiteros o engrasadores, serenos, cocineros, aguateros o conductores de barril en máquinas a vapor, caballerizos, atracadores de paja, etc. Esta lista nos da un panorama del tipo de actividad que se desarrollaba.

Se obligaba a los patrones a asegurar a sus obreros mediante una póliza y se establecía que no podía “tomar represalias contra el personal o determinados compañeros por este movimiento o iniciativa”.

El artículo 19 establecía normas referidas a la alimentación, que resultan interesantes: “Desayuno a las 8 horas: bifes o asado y café; a mediodía, puchero con legumbres; a la tarde, té o mate cocido, queso o fiambre; a la noche, guiso o asado; yerba, azúcar y galleta, todo lo necesario; agua fresca durante todo el día; si se provee o expende vino, no podrá sobrepasar de medio litro por persona y por comida”.

Los descansos serían de: “Cuarenta minutos a las 8 horas para el desayuno; una hora y media al mediodía para el almuerzo; treinta minutos para la colación de la tarde”.

Respecto al alojamiento se estipulaba: “Cada equipo deberá llevar por lo menos una carpa con capacidad suficiente para pernoctar, y una lona para preservarse del sol en las horas de descanso” Y también: “El patrón deberá poner a disposición exclusiva un farol por cada diez personas”.

En caso de mal tiempo “deberán taparse las parvas o pilas con anticipación y levantarse la carpa para alojar al personal”.

Como hemos señalado, la normativa nos permite vislumbrar cuales eran las condiciones de trabajo de aquellos anónimos en los campos de Saladillo.

One Comment

  1. Marcelo Jovanovich 2014/04/05 18:51 Responder

    Muy buen artículo que rescata a la “Argentina Invisible”, tan necesaria como la otra, la Visible, la que quedó registrada.
    Cuando mi abuelo me contaba que cuando era joven “trabajaba de sol a sol”, no comprendí su significado hasta que lo analicé literalmente: una jornada laboral de 14 a 16 horas en época de cosecha!
    Fueron los hacedores de la Argentina.

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