“EL ARRIBO DEL PRIMER TREN, VISTO POR UN JOVEN DE 25 AÑOS”

Estación Saladillo (1904) - Don Luis Demaría (51 Años)

Estación Saladillo (1904) – Don Luis Demaría (51 Años)

Hace 133 Años, llegaba por primera vez un tren a Saladillo. Por la trascendencia que ese acontecimiento tuvo, ya nos hemos referido a ello en otras ocasiones (1). Hemos encontrado, en el periódico “Las Noticias”, una transcripción de la carta de un joven de 25 años que narra a un familiar suyo, aquel momento que vio con ojos de asombro y lleno de entusiasmo. En sus retinas ha quedado grabado cada detalle, los que vuelca en esa histórica carta de modo tal, que con muy poco esfuerzo nos permite ser casi testigos presenciales de aquel momento.

El joven es Luis Demaría uno de los propietarios del almacén de ramos generales “El Progreso” (2) y hombre influyente en el Saladillo de comienzos del siglo XX.

Comienza su relato con los días previos y con precisión horaria va detallando cada momento de aquellos días festivos:

“Septiembre 19: Amaneció nublado y a las 2 p.m. empezó a llover continuando a intervalos hasta el anochecer y a las 8 p. m. el agua se hacía sentir otra vez con bastante fuerza.

Septiembre 20: Amaneció también nublado y a las 6 y ½ se descolgaba el agua con fuerza y por la tarde volvía de nuevo a caer. A las 6 empieza a sentirse el estruendo de las bombas y luego el repiqueteo de las campanas de la iglesia.

Toda la noche continúa lloviendo con fuerte viento, truenos y relámpagos. En este día a pesar de la lluvia, se habían carneado 18 reses, de acuerdo con el programa, las que debieron amontonarse en un pequeño cuarto.

Día 21: A las 6 a. m. empiezan a repicar las campanas y media hora después vuelve a llover. A las 9 y 45 el fuerte estruendo de las bombas anuncian la próxima llegada de la locomotora con la comitiva oficial que venía a presidir la inauguración y también las campanas de la iglesia hicieron oír su vibrante sonido.

La lluvia continuaba no muy fuerte, pero con mucho viento y a las 11 la banda de música empezó a tocar por haber llegado un telegrama de la estación Cazón anunciando que había pasado un tren en ese momento.

¡Qué hermosa perspectiva para la fiesta nos esperaba! La lluvia que a cada momento se descolgaba, el barro que adornaba nuestras calles de extremo a extremo y los charcos de agua que obstruían el paso en todas partes. Daba lástima contemplar los rostros entristecidos por el pesar. La fiesta más grande que el Saladillo iba a contemplar en un término de 12 años, desde la inauguración del edificio del colegio en 1872, quedaba destruida por el agua, convertida en terrible elemento.

A las 12 precisamente, llegaba la locomotora «Río de la Plata» que venía con carga y traía algunos pasajeros del pueblo, entre ellos Francisco Demaría y el joven Luis Berruti y por fin a la 1 y 20 p. m. se hacía oír el poderoso silbato de la locomotora en que venía la comitiva.

Todo fue oírlo y aprestarme para ir a la estación aunque el agua se hacía sentir en esos momentos, tuve que ir a pie y para llegar debí atropellar pantanos e inmensos barriales. A la 1 y 30 llegaba el tren oficial y a la 1 y 34 el señor Otero leía el discurso inaugural  del Dr. Dardo Rocha que era el padrino del acto y una vez que concluyó se dieron vivas a varios y entre ellos al Dr. Rocha, quien abriendo la portezuela del coche en que venía pronunció un vibrante discurso en el que atacó a los que se habían expresado en su contra, en tiempos que ocupó la gobernación. Al terminar se oyeron vivas al futuro presidente de la República, y se descolgó un fuertísimo aguacero, ¡Pero qué aguacero! ¡Si cada gota parecía una nuez!

Hubiera visto el cuadro que ofrecía el andén de la estación: unos huían guareciéndose en los coches, otros, en la pequeña estación, unos pocos debajo de paraguas, otros se tapaban con ponchos, habiendo personas que sin pedir permiso se guarecían debajo de ellos y yo por presenciar lo que ocurría recibí un rato el chaparrón.

Una vez que cesó lo fuerte del aguacero me encaminé hacia la locomotora, era la «Deán Funes» y venía sencillamente engalanada, traía al frente el escudo y cuatro banderitas. Me olvidaba decirle que con la comitiva venía la banda de música del 1º de Línea y la que debió interrumpirse por motivo de la lluvia.

El Dr. Rocha, al ver la situación tan impropia para la fiesta, opinó que se hiciera enseguida el acto de la entrega de las medallas que había organizado la Comisión Popular para poder regresar sin tardanza. ¡Desgraciado de él y de los que le acompañaban si se hubiera marchado, pues se hubiera hundido en el río Salado, como ocurrió con la máquina piloto que salió después! Pero aceptó al fin el quedarse.

Las volantas iniciaron entonces el desempeño de su misión llevando las personas de la comitiva a sus respectivos alojamientos. Puedo decirle que causaba compasión ver a todas esa gente bien vestida en medio de aquel barrial, la que poco a poco fue sacada de allí, pero no terminó hasta dos horas después, mientras el agua caía de a ratos.

Yo me cansé de estar a la expectativa y conseguí subir a una volanta, en la que fui al Juzgado, donde la concurrencia empezaba a aglomerarse con motivo del gran banquete que se debía realizar. Este empezó a las 3 y media y a las 6 le era entregada al Dr. Rocha la medalla que el vecindario y las autoridades de Saladillo le ofrecían.

Al anochecer empezó de nuevo el agua y el cielo, completamente cubierto de nubes hacía temer algún nuevo diluvio.

Los héroes de ese día fueron los volanteros que trabajaron continuamente, primero en traer la comitiva desde la estación, segundo llevarla al banquete, tercero llevarla a sus alojamientos y cuarto volverla a traer al baile, poco a poco con miles de dificultades por los barriales y lagunas.

A las 11 p.m. pude ir al baile en una volanta. El salón del baile que se extendió comprendiendo el patio del juzgado, estaba preciosamente adornado. En este tenía de techo unas lonas grandes y todos sus costados estaban cubiertos con infinidad de banderas argentinas e igualmente muchas caían del techo. Allí no se sentían penas y aunque se sentía caer el agua a torrentes no se le hacía caso.

Día 22 – Amaneció lloviendo de igual manera como casi toda la noche, y como desde el día 21 estaba inaugurada la línea para el servicio público mientras el tren oficial quedaba en la estación, la locomotora «Río de la Plata» había salido a las 3 p.m. de la mañana en dirección a Lobos, para traer el primer convoy que formaría el primer tren de pasajeros, que según horario debía salir hoy 22.

Los visitantes se dirigieron a la estación antes de mediodía para embarcarse en la «Dean Funes» pero no pudieron hacerlo porque la locomotora «Río de la Plata» no venía e inspiraba serios temores dicha tardanza estando interrumpidas las líneas del telégrafo. Se resolvió que fuera la «Dean Funes» en su busca.

A las 4 p.m. regresó la expresada locomotora con la noticia de que en el kilómetro 14 en una alcantarilla se había hundido la «Río de la Plata» de regreso de Lobos con los wagones que había ido a buscar y las personas que la vieron contaron que apenas se podía divisar el sitio en que estaba pues el agua la cubría casi completamente y lo peor, que el telégrafo no funcionaba ni podía arreglarse, por lo que se ignoraba toda clase de noticias.

Poco después se supo que la vía había sido destruida en varias partes y en el puente del Salado habían desaparecido los terraplenes y en largos trechos el agua cubría completamente los rieles. En Las Garzas y la laguna de Lobos sucedía igual cosa.

Días 23, 24 y 25 – Días de lluvia intermitente. La locomotora «Dean Funes» realizaba viajes con materiales para reparar la vía hasta el río Salado. Todas las noches el palacio municipal ofrecía el mismo aspecto de iluminación con reuniones y bailes en obsequio a los distinguidos visitantes. Por las tardes la banda del 1º de Línea daba prolongados conciertos en la plaza.

Día 26 – El Dr. Dardo Rocha y la comitiva se embarcó en el tren que piloteaba la Dean Funes, para llegar al río Salado y de ahí seguir en botes hasta tomar nuevamente el tren para llegar a Buenos Aires.

(1)               http://historiasaladillo.com.ar/hs/2017/06/la-llegada-del-primer-tren-y-una-fiesta-que-se-aguo/

(2)               http://historiasaladillo.com.ar/hs/2014/05/don-francisco-demaria-uno-de-los-hombres-de-el-progreso/

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