“UN ENCUENTRO CON EL CENTRO DE EDUCACIÓN DE ADULTOS Nº 704”

Durante la charla ofrecida en el Museo sobre “Saladillo y los Pueblos Originarios” (1), se destacó la presencia de un grupo de alumnos del “Centro de Educación de Adultos Nº 704”. Con interés siguieron la exposición, tomando fotografías y tratando de anotar cada detalle de lo que se comentaba.

En uno de los momentos más emotivos, Leonor, una de las alumnas, contó ser descendiente de los Pueblos Originarios y dio testimonio de algunos pocos recuerdos. El interés despertado por su relato llevó a concretar un encuentro con el equipo del Museo, para conocer más sobre su historia personal y la experiencia de la educación de adultos.

Mates de por medio, además del equipo del Museo, estuvieron presentes Leonor, a quien sus compañeras afectuosamente llaman “Nonis”, Teresita Deauta, Juliana Paredes; la docente del grupo, Silvana Rolando y la inspectora Cristina Sarubbi.

Silvana contó la experiencia de trabajar en la educación de adultos, transmitiendo una pasión por lo que hace, que emociona. El común denominador es que se inician con timidez, desconociendo lo mucho que ellos saben, como es el caso de “Nonis”, que nos enriqueció a todos contándonos de sus antepasados. En la medida que avanzan en la alfabetización, ganan en seguridad, con todo lo que ello significa para la autoestima de las personas.

Al iniciar el año, entre todos eligieron un tema para trabajar en el área de ciencias sociales. Acordaron que ese tema fuera el de los Pueblos Originarios y es por esto que se interesaron y acercaron a la charla ofrecida en el Museo. Trajeron para mostrar dibujos, manualidades y carpetas sobre la temática.

Con soltura en la lectura y con una redacción que podría reemplazar la crónica que nosotros hicimos de la charla, Teresita leyó el resumen que elaboró a partir de sus apuntes.

Los recuerdos de Nonis sobre su infancia en Bariloche fueron surgiendo en una conversación cálida, en la que no faltaron las lágrimas.  Fue así que nos contó del encuentro que periódicamente realizaban las comunidades en Clemente Onelli, una localidad al este de Bariloche. Allí se realizaba la ceremonia del Dios Sol, a la que grupos de distintos lugares bajaban a caballo para participar de los tres días que duraba la fiesta. El Cacique, el más anciano del grupo, con vincha y la cara pintada iniciaba una danza alrededor del fuego, al ritmo de tambores colocados en círculo. Se realizaban largas charlas, donde valores como el respeto a la naturaleza y los hombres eran subrayados. Se comía cordero, del cual no se quebraba ningún hueso, los que luego eran enterrados.

Evocó las vestimentas de los hombres y mujeres, y las comidas típicas como el pancuten, charcan y charqui. También las técnicas del tejido, desde la esquila, el carmenado y el hilado en la rueca. Luego el teñido con plantas que les daban colores vivos y naturales, para pasar luego al tejido en el telar.

Teresita es uruguaya, con ascendencia afro, y Juliana es paraguaya y habla perfectamente el guaraní.

Una mesa en la que quedó expresado lo que somos, un poco de nuestros abuelos europeos, la suma de la nueva inmigración latinoamericana, la presencia de la cultura afro y mucho en nuestra venas de los Pueblos Originarios.

El Centro de Educación de Adultos funciona en el local que les facilita la Iglesia Evangélica ubicada en Cabral e Yrigoyen. Un espacio en el que adultos de nuestra ciudad se abren al maravilloso mundo de la cultura que nos ayuda a reencontrarnos con nuestras raíces profundas.

(1) http://historiasaladillo.com.ar/hs/2017/10/saladillo-y-los-pueblos-originarios/

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