“DUELO CRIOLLO EN SAN BLAS”

“Duelo Criollo” – Pintura de Numa Ayrinhac.

“Duelo Criollo” – Pintura de Numa Ayrinhac.

La «Cabaña San Blas» de don Benjamín Giménez Paz, era uno de los establecimientos más prestigiosos de Saladillo, a comienzos del siglo XX. Año tras año, sus ejemplares de ganado vacuno y lanar, ganaban los principales premios en las exposiciones de la Sociedad Rural Argentina. Contaba también con un excelente plantel de aves de corral, con las que se destacaba en cuanta exposición avícola se presentara.

Estos logros eran fruto del trabajo exigente de los peones de la cabaña, que casi sin descanso cuidaban de esos delicados animales de pedigree. Sus trabajos eran de sol a sol, sin diferenciarse un domingo del resto de los días de la semana. Es por eso, que el pequeño ratito que contaban después de cenar y antes de irse a dormir, era casi una fiesta para la peonada.

Así ocurrió la noche del domingo 25 de junio de 1905. Apenas terminada la cena, el capataz José Di Facio invitó a algunos de los muchachos a jugar una partida de escoba.

En una de las piezas se reunieron el capataz y cuatro peones, entre los que se encontraba el joven Tomás Tieri. Se sentaron alrededor de una pequeña mesa de pino, alumbrados con una pobre luz a kerosene, improvisada en un pequeño frasco azul.

Los naipes se repartieron entre los jugadores y la partida se inició entretenida entre los amigos. Pero al momento de contar los puntos obtenidos por cada uno, se produjo una discusión entre Di Facio y Tieri. Las palabras fueron subiendo de tono y Di Facio se sintió agraviado por algo que expresó su contrincante. Y como solía ocurrir en aquellos años, el honor se salvaba batiéndose a duelo.

Di Facio tomó el frasco de la luz y se lo arrojó en la cara a Tieri, quedando la pieza a oscuras. Tieri encendió un fósforo, lo que fue aprovechado por su rival para tomarlo del cuello, ocasionándole lastimaduras en la cara. De inmediato sacó a relucir su cuchillo y el joven peón recibió algunas heridas leves. Se trabaron en lucha en la oscuridad de la habitación, hasta que Tieri logró quitarle el arma al capataz, infiriéndole una herida en el pulmón y otra en el cuello. Di Facio cayó al suelo y otros peones que oyeron el alboroto ingresaron con una luz. Los tres testigos se encontraban aterrorizados en un rincón.

Llamaron al mayordomo, pero al momento que este llegaba, Di Facio fallecía desangrado. Se mandó un jinete al pueblo, a buscar la policía. De allí vinieron el escribiente Ignacio Lete y un sargento.

Tieri, profundamente acongojado por lo sucedido, se confesó culpable y fue conducido a la comisaría de Saladillo.

El cadáver de la víctima fue reclamado por algunos parientes y se le dio sepultura decorosamente el lunes pasado, siendo acompañado los restos por numeroso cortejo”, informaba “El Pueblo” del 29 de junio de 1905.

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