“ALJIBES EN LA CIUDAD”

Aljibe en el Patio de la Casa Soba

Aljibe en el Patio de la Casa Soba

Sus bocas se cerraron hace tiempo, pero ellos siguen allí, expectantes, aguardando nuestra atención para volver a abrirlas y contarnos esas historias del viejo Saladillo, de las que fueron testigos.

Alguno seguramente permanecerá oculto en el patio de una vieja casona, pero otros, impertinentes, permanecen visibles en esta ciudad moderna que ya no sabe de aljibes.

En el cerco del jardín abandonado de la Estación, se encuentra uno, prácticamente olvidado a lo sombra de un añoso pino. Un poco más acá, tras las rejas de la esquina de ese raro edificio de la Escuela 18, hay otro. Y otro más se deja ver en la Casa de la poeta de la calle Mitre.

Sedientos aljibes en la ciudad que nos hablan de otro tiempo en la que ellos fueron protagonistas vitales de la vida cotidiana.

Aljibe en los Jardines de la Estación

Aljibe en los Jardines de la Estación

Los aljibes pueblan nuestra patria desde los tiempos de la colonia, traídos por los españoles, que a su vez los adoptaron de los árabes, pobladores de una geografía árida que los obligaba a construir cisternas para recoger el agua de lluvia. Porque básicamente un aljibe es eso, una cisterna subterránea a la que derivan las cañerías de los techos, en la que se conserva el agua fresca, del modo más higiénico posible.

Por sobre la boca del pozo se levanta el brocal, una pared de poco más de un metro que lo rodea por seguridad. Una tapa de hierro impide que caiga basura en su interior, la que sólo era abierta al momento de sacar el agua. Una estructura de palo o hierro sostiene una roldana por la que se desliza la soga o cadena que sostiene el balde.

El material utilizado en el brocal, su construcción sencilla o decorada con refinadas obras de arte, marcan el status social de la familia de esa casa. Así los hay con un simple revoque, decorados con mayólica o labrados en mármol de carrara. Lo mismo acurre con la estructura que sostiene la roldana, que va desde unos simples palos hasta elaboradas obras de arte en hierro forjado.

En pueblos como Saladillo, era habitual construir pozos hasta la primera napa, que luego eran calzados con el brocal. Cuando el agua encontrada era muy salada, era necesario recurrir al aljibe tradicional y juntar el agua de lluvia. Pero en su aspecto exterior, el aljibe cisterna o el pozo de balde eran iguales, respondiendo al nombre genérico de aljibes.

Aljibe de la Escuela Nº 18

Aljibe de la Escuela Nº 18

El agua de lluvia, más escasa, era guardada preferentemente para beber, en tanto que la de los pozos se destinaba al lavado de pisos, ropa, utensilios de cocina o el riego de huertas y jardines. Esta última función fue dada al aljibe de la estación, en los jardines de estilo inglés diseñados en 1906.

El crecimiento urbano potenció la dificultad que presentaba la cercanía de los pozos ciegos con los pozos de los aljibes. Obras públicas como el agua corriente y la red cloacal no llegarán hasta bien entrado el siglo XX.

Las frecuentes y temibles epidemias de cólera (1) y viruela, comenzaron a ser asociadas por los médicos a la contaminación del agua. Las autoridades municipales promovieron entonces la instalación de molinos y la perforación de pozos a napas más profundas. En las manzanas que rodeaban la plaza, se instaló un molino en el centro de cada una de ellas, el que abastecía de agua a las viviendas que la ocupaban (2).

Esquina de la Escuela Nº 18

Esquina de la Escuela Nº 18

Una de las principales preocupaciones de las autoridades escolares era la provisión de agua en las escuelas, en las que se ponía en riesgo la salud de cientos de niños. Es por eso, que sorprende la instalación de un aljibe en la Escuela Nº 18, inaugurada recién en 1922. Probablemente haya estado incluido en esos planos que por error llegaron a Saladillo (3).

Lo cierto es que allí están los misteriosos aljibes, embelleciendo nuestro paisaje urbano. Aljibes que han movilizado a escritores como Borges o Mujica Láinez, imaginando a extraños personajes viviendo en su interior. Tal vez por esto es que nuestra Susana Esther Soba haya querido tener uno en el patio de su Casa de corte colonial. Fuente de agua sí, pero principalmente fuente de profunda inspiración.

 

Aljibe de la Casa Soba

Aljibe de la Casa Soba

Aljibe de la Estación

Aljibe de la Estación

Aljibe de la esquina de la Escuela Nº 18

Aljibe de la esquina de la Escuela Nº 18

  1. http://historiasaladillo.com.ar/hs/2016/05/la-epidemia-de-colera/
  2. http://historiasaladillo.com.ar/hs/2014/10/un-molino-con-historia/
  3. http://historiasaladillo.com.ar/hs/2016/02/ese-raro-edificio-de-la-escuela-no-18/

One Comment

  1. Alejandro Mariotto 2018/02/25 17:59 Responder

    Hermosa nota y muy didactica, como siempre. Gracias!!!

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