“EN SULKY, POR LOS CAMINOS DEL SALADILLO”

Don Atilio Pereyra en su sulky

Don Atilio Pereyra en su sulky

Por sencillo, cómodo y ágil, pero también por su elegancia, el sulky fue el medio de transporte más popular a finales del siglo XIX y hasta bien entrado el XX. De tanto en tanto, como transgrediendo el tiempo, se ve alguno circulando por las calles de nuestra ciudad. El golpeteo de los vasos del caballo sobre el asfalto y el chirrido de sus grandes ruedas pintadas de amarillo, rojo o algún otro color fuerte, nos lo anuncian de manera inconfundible.

Los sulkys han dejado sus huellas en nuestros caminos, en nuestra historia, en nuestras vidas. Las siguientes líneas no son más que una invitación a transitar por esas huellas una vez más.

Sulky con capota del Siglo XX

Sulky con capota del Siglo XX

Nos cuenta don Luis Borracer, que hacia 1870, cuando Saladillo se extendía desde el río Salado hasta las últimas estancias hacía el Oeste, José Antonio Rossi realizó su monumental censo visitando cada una de las estancias, pero también cada puesto, cada chacra, transportado en un modesto sulky.

Al pueblo se venía entonces para hacer las compras, preferentemente los domingos, para poder cumplir también con el precepto de asistir a la misa dominical. Desde muy temprano se veían ingresar de todas las direcciones, carros y sulkys con familias completas, vestidas como para pasar un día de fiesta. Por la noche regresaban a la campaña, repletos de mercadería para toda la semana.

Como en las modernas agencias de auto, en los grandes almacenes de ramos generales se exhibían los sulkys nuevos, para quien necesitase comprarlo o cambiar el viejo deteriorado. Los había con capota o sin capota, con faroles o sin ellos, con asientos tapizados o simplemente de madera, sobre la cual se colocaba un almohadón que amortiguara el traqueteo.

Tapiceros, herreros, carpinteros y talabarteros vivían de sus oficios, reparando las roturas que los rudos caminos de campo les ocasionaban.

Quienes estaban de paso y no contaban con un medio de transporte, podían alquilar su sulky en la empresa de pompas fúnebres de Ernesto Granet, ubicada primero frente a la plaza principal y más tarde en Moreno y Catamarca (Yrigoyen).

Las hermanas Nuncia, Elvira, Clotilde y Elena Ventura

Las hermanas Nuncia, Elvira, Clotilde y Elena Ventura

El trabajo en el campo era de sol a sol y en los tiempos de la cosecha, la esquila o la yerra, no había descanso. Es por eso que los jóvenes esperaban ansiosos esos bailes que cada tanto se hacían en el pueblo o en alguno de los parajes cercanos. Se veían entonces a los ágiles sulkys, repletos de jóvenes alegres dispuestos a divertirse. Por supuesto, no faltaban las carreras improvisadas en el camino, ni tampoco la broma de algún pícaro a sus amigos, entretenidos en el baile. Contaba doña Clotilde Ventura, que una de estas gracias, en los bailes de Cazón, consistía en sacar el caballo del sulky y atarlo nuevamente al revés, es decir, con la cabeza del caballo dando hacia el asiento del conductor. Otra más desagradable era la de embardunar con bosta los asientos o las riendas del caballo.

Numerosas tareas pueblerinas se hacían utilizando estos vehículos: reparto de correspondencia, la venta del pan, la leche o la distribución de periódicos, eran algunas de ellas.

En 1906, por ejemplo, se produce un incidente fundado más en razones políticas, que en hechos reales, entre el Intendente Emparanza y el periódico “El Pueblo”. El Intendente decide aplicar una multa de $ 10.- al periódico, porque sus repartidores suben con los caballos a las veredas, para tener al alcance las puertas de los vecinos. “El Pueblo” le contesta que han de ser los repartidores de su colega “El Argentino”, porque los suyos hacen el reparto en sulky.

Por aquellos años se había iniciado también la práctica del fútbol (1) y se realizaban frecuentes encuentros entre los equipos del Club Atlético Saladillo y el Tiro Federal de 25 de Mayo. El traslado de los jugadores y simpatizantes hasta el pueblo vecino, por caminos de tierra y sin puentes para cruzar los arroyos, eran una verdadera odisea.

Así informaba “El Pueblo” del 5 de octubre de 1905: “Partieron a la una y media de la tarde del sábado, conducidos en tres carruajes de alquiler y tres sulkys particulares. A las tres y media llegaron a la casa de negocio de los señores Bisso Hermanos, situada al otro lado del arroyo Saladillo, donde eran esperados por la comisión del Tiro Federal de 25 de Mayo, quienes se incorporaron allí a nuestros viajeros, siguiendo así hasta el pueblo vecino, al cual llegaron a las seis de la tarde poco más o menos”.

Para quienes les interese el dato, digamos que en aquella ocasión el equipo saladillense regreso victorioso trayendo una hermosa copa y fue esperado por una nutrida caravana de caballos, carros y sulkys en cercanías del arroyo.

Otra de las actividades que convocaba multitudes eran las carreras de caballo, sortijas y de sulkys que se realizaban en el hipódromo del predio de la Sociedad Rural.

Cuando en 1913 se produjo una de las mayores inundaciones de las que se tenga memoria (2), fue destacado el accionar del joven Rodolfo Domínguez, que con un modesto sulky ingresaba a rescatar vecinos de lugares a los que nadie se animaba a llegar.

De aquella misma inundación, se recuerda que un tren, que regresaba de rescatar a unos operarios varados en Cazón, socorrió a don Bautista Jáuregui, que al cruzar el paso a nivel en el camino a San Blas, el caballo de su sulky murió ahogado.

Son innumerables las anécdotas que podríamos seguir contando del recorrido de estos vehículos de tracción a sangre. Ellos, como dijimos, transitaron nuestros caminos hasta bien entrado el siglo, muñidos como disponían las ordenanzas de su correspondiente patente.

El maestro Novella recogiendo alumnos

El maestro Novella recogiendo alumnos

En las zonas rurales este era el medio del que se valían los alumnos para poder ir a la escuela, o al menos para ser acercados hasta el camino por donde pasaba el maestro Novella en su viejo Plymouth (3).

Hoy quedan algunas argollas en las que eran amarrados al cordón, como testigos de un tiempo en que el trajinar de los sulkys era cotidiano en Saladillo (4).

Sulky con capota de El Progreso

Sulky con capota de El Progreso

Sulky sin capota de El Progreso

Sulky sin capota de El Progreso

Patente de sulky de 1913

Patente de sulky de 1913

  1. http://historiasaladillo.com.ar/hs/2017/03/el-primer-partido-de-futbol/
  2. http://historiasaladillo.com.ar/hs/2017/05/la-inundacion-de-1913/
  3. http://historiasaladillo.com.ar/hs/2015/09/jorge-novella-el-maestro/
  4. http://historiasaladillo.com.ar/hs/2017/09/argollas-para-atar-caballos/

One Comment

  1. Marcelo 2018/02/05 12:05 Responder

    Hay que organizar un dia de sulkys a cazon

    http://Muy%20bueno

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