“UN GALPÓN EN EL MEDIO DE LA CALLE”

Galpón sobre avenida Moreno

Galpón sobre avenida Moreno

Para el pequeño pueblo fundado en 1863, la llegada del ferrocarril significaría un gran impulso para su progreso. Fue tan así, que cuando en 1871 se iniciaron las gestiones ante la empresa del Ferrocarril del Oeste, de capitales nacionales, para extender el ramal de Lobos a Saladillo, hubo gran disposición de los vecinos para facilitar el proyecto.

En agosto de 1871, reunido el Concejo Deliberante, bajo la presidencia de Deogracia García y con la presencia de Máximo Cabral, Antonio Bozán, Juan Gorchs y el secretario Emiliano Reynoso se firmó un acta por la que esta municipalidad se obligaba a ceder gratuitamente los terrenos necesarios para el tendido de rieles y la construcción de la estación dentro de los límites del pueblo y su ejido.

Hubo gran expectativa en el vecindario a la espera de los resultados de los estudios de la empresa ferroviaria, para ver por que lado del pueblo se tenderían las vías. El barrio que resultase beneficiado obtendría un gran movimiento comercial y sus terrenos subirían en su cotización, como efectivamente ocurrió.

Terminados los estudios, el 15 de octubre de 1883, se reunió la municipalidad en sesión extraordinaria, bajo la presidencia del señor Víctor Del Carril y con la asistencia de los concejales José Adrián Viale, José Ramón Sojo, Claudio Demaría e Isidoro Cabrera. El Ferrocarril del Oeste reclamaba la escritura de los terrenos concedidos en 1871, lo cual se aprobó por unanimidad. De este modo pasaron a pertenecer al ferrocarril las manzanas comprendidas entre las calles Mendoza (Além), Salta (Taborda), 31 de Julio (Mariano Acosta) y Entre Ríos (Estrada). En ese acto quedaron cortadas de hecho las calles Santiago del Estero (José Ingenieros), Rioja (12 de Octubre), Belgrano, Moreno, Corrientes (Sojo) y Santa Fe (Roca).

Galpón en la estación Saladillo

Galpón en la estación Saladillo

En 1890 la empresa estatal “Ferrocarril del Oeste” vendió el ramal a la empresa de capitales ingleses “Ferrocarril del Sud”. Con este cambio comenzaron a suscitarse variadas controversias entre los vecinos y esa empresa que ahora respondía a intereses particulares y además extranjeros.

El 11 de agosto de 1890, reunido el Concejo Deliberante bajo la presidencia de Máximo Cabral y con la asistencia de los concejales Claudio Demaría, Ambrosio Martínez y José Acosta, ante un reclamo elevado por el vecindario, se solicitó al gerente del Ferrocarril del Sud, la apertura de una de las calles que pasaban junto a la estación, obstruida por un alambrado.

En mayo de 1892 se hizo un reclamo similar pidiendo la apertura de la calle real, que parte de la plaza principal directa a los corrales de abasta de este pueblo, por pertenecer a la municipalidad. Estos primeros reclamos, se basaban en el criterio de que lo cedido a la empresa ferroviaria en 1883 eran los terrenos correspondientes a las manzanas, no así el de las calles.

Se sumaba a esto que en las calles Salta (Taborda) y Entre Ríos (Estrada), se habían colocado barreras, las que permanecían bajas por largas horas, de un modo injustificado, en momentos en los que no se realizaban maniobras de trenes. Hay que tener presente, que por entonces toda la movilidad pueblerina se hacía a tracción de sangre, por lo que todo el rodeo que se debía realizar para pasar de un lado al otro del pueblo insumía mucho tiempo.

Era recurrente en épocas de cosecha, el reclamo de los productores por la falta de bolsas, los número insuficiente de vagones para el traslado del cereal y la casi inexistencia de galpones donde depositarlo hasta su traslado. Pese a que la ley obligaba a proveer de esos medios, se hacía oídos sordos a los reclamos. Además, la empresa inglesa arrendaba el único galpón existente a un poderoso terrateniente, que podía pagar buenas sumas por el depósito. Éste, una vez cubiertas sus necesidades, subarrendaba el espacio restante, a precios exorbitantes.

Cuando en 1906 el Ferrocarril del Sud anunció la construcción de un nuevo galpón, contiguo al existente, para depósito de cereales, la noticia fue recibida con beneplácito por los productores agropecuarios.

Pero por ese tiempo reaparecieron los reclamos para la reapertura de alguno de los pasos a nivel que la estación interrumpía. La respuesta de la empresa fue tan sutil como provocadora: comenzó a levantar el galpón para cereales en el medio mismo del lugar por donde debía pasar la avenida Moreno.

La poderosa empresa, de un modo arrogante y despreciativo pasa por encima de las repetidas solicitudes de este laborioso vecindario, que pide la apertura de la calle que desemboca a la estación”, comentaba el periódico “El Pueblo” del 01/11/1906.

El corte de la avenida Moreno, la de mayor movimiento comercial, dejaba incomunicados a los vecinos de la calle 31 de Julio (Mariano Acosta), que si bien por entonces no eran muchos, quedaban de este modo relegados y sin perspectivas de progreso. El destino del barrio de “La 31” quedaba sellado por la prepotencia de los capitales británicos.

La celeridad con la que se avanzaba en la obra del galpón irritó a los vecinos, los que juntaron firmas, elevaron notas a la empresa del Ferrocarril del Sud, a las autoridades nacionales y reclamaron la intervención de las municipales.

El Intente Municipal, Dr. Francisco Emparanza, se sumó entonces a la protesta del vecindario y dirigió también notas de reclamos, una de las cuales fue dirigida al Ministro de Obras Públicas de la Nación, Ingeniero Miguel Tedín.

Vista desde el andén

Vista desde el andén

Este funcionario nombró dos veedores, uno de los cuales ni siquiera vino a Saladillo. El otro daba la razón a la empresa, argumentando que la apertura de la calle acortaría el andén y entorpecería el funcionamiento de la playa de maniobras. El andén, que hacía el lado de Belgrano se extendía de forma ilimitada, era más que suficiente. Respecto a la playa de maniobras, era fácil de resolver colocando una barrera que se bajase en los momentos necesarios.

El vecindario exigió medidas más enérgicas del Intendente y el asunto iba tomando un cariz que hasta diarios de alcance nacional, como “La Prensa”, se hicieron eco del tema.

El periódico “El Pueblo” de Saladillo, opositor por cierto al Intendente Mitrista, expresaba el 18 de noviembre de 1906: “Hemos llegado al límite y como del límite no se pasa, corresponde a la Intendencia llevar a cabo un acto que sería tal vez el primero en toda la república. Ese acto consistiría en que el Intendente de Saladillo convocase al vecindario todo y haciendo formar los agentes de policía de que dispone y clavando una bandera nuestra  en los lugares robados por la empresa, procediese, llevando para la celebración de este acto un escribano, a cortar los alambres, dejando así expeditas las calles cerradas y derribar el galpón”.

Que ni las autoridades municipales, ni nacionales, hicieron nada para hacer oír los reclamos del vecindario ante la empresa británica, queda de manifiesto en que un siglo después dicho galpón sigue en pie, la avenida Moreno interrumpida y el barrio de “La 31”, condenado a ser el «del otro lado de la vía».

Los galpones

Los galpones

Vista desde la Mariano Acosta

Vista desde la Mariano Acosta

Vista desde el parque

Vista desde el parque

Galpones de la estación Saladillo

Galpones de la estación Saladillo

One Comment

  1. Luis Mendoza 2018/04/13 16:33 Responder

    He visto en las Citas históricas de Alberto Benítez que al momento de la llegada del tren a Saladillo en 1884, era Jefe de Estación don Eleuterio Mendoza. Querria saber si tiene algun otro datos sobre esta persona. Desde ya, gracias.

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