“UNOS VIEJOS LIBROS CONTABLES Y UNA LARGA HISTORIA DE ALMACENES”

Antiguos libros contables

Antiguos libros contables

El local sobre avenida Rivadavia, contiguo al Banco Provincia, que desde hace años es sede del Frente para la Víctoria, fue el último reducto en el que funcionó el almacén de ramos generales de “Etchegoyen, Ruíz, Möller y Cía”.

Ingresando por el portón que hoy tiene pintada la figura de Néstor Kirchner, se llegaba hasta un galponcito en el fondo, en el que se vendía kerosene y dónde trabajaba quizá uno de los últimos latoneros de Saladillo, especialista en reparar ollas, baldes  y fuentones.

Derruido por el paso del tiempo y cubierto de malezas, el viejo depósito se mantenía en pie conservando oculto un tesoro en su interior. Movido por la curiosidad, el ex concejal Gustavo “Chimi” Di Battista se introdujo en él y encontró alrededor de un centenar de libros contables pertenecientes a distintas firmas que funcionaron en la esquina de Rivadavia y Belgrano.

Viejo galpón dónde estaban los libros

Viejo galpón dónde estaban los libros

Desde fines del siglo XIX, los almacenes de ramos generales, fueron un importante engranaje en el modelo agroexportador vigente entonces. En Saladillo, como en la mayoría de los pueblos de campaña, no había sucursales bancarias y las que lentamente se fueron abriendo no eran de fácil acceso para los pequeños productores.

Los inmigrantes, que venían a brindar la mano de obra necesaria para las tareas rurales, debían contratarse como empleados de las grandes estancias o arrendar fracciones de ellas para destinarlas a la agricultura. Esta era una modalidad muy utilizada por los terratenientes, lo que les permitía trabajar sus campos sin asumir los riesgos inherentes a la explotación.

Estos chacareros, en su mayoría de origen italiano, español, francés o irlandés, necesitaban de crédito para poder afrontar el emprendimiento. A falta de banco, recurrían a los almacenes de ramos generales en los que obtenían el préstamo para el adelanto del arriendo y allí también compraban las semillas, las herramientas de laboreo y los alimentos y ropas, para sus familias y empleados, todo lo cual pagaban al levantar la cosecha, si es que el tiempo los acompañaba.

En Saladillo funcionaban varios de estos almacenes, siendo quizás el más importante, “El Progreso” de Demaría Hermanos, ubicado en la esquina de Belgrano y Mitre. También se destacaba “El Siglo XX” de Rafael Domínguez, en Belgrano y San Martín, o “La Central” de José Benito Domínguez, en el lugar que hoy ocupa el Edificio Mayo.

En la esquina de Belgrano y Rivadavia, que nos interesa, se encontraba “El Sol de Mayo” de los señores Calvo y Fabregas. Eran representantes de la marca “Deering”, de la que ofrecían atadoras, espigadoras y guadañadoras, con vara para uno o dos caballos. También vendían los carpidores “Oliver” y los arados de dos o tres rejas, de esta misma marca, los cuales venían provistos de un cómodo asiento, lo cual era todo un progreso ante los arados de mancera con los que el agricultor debía caminar por la tierra arada, al ritmo de los caballos.

Arado Oliver

Arado Oliver

Hacia 1920, la firma Calvo y Fabregas, fue sustituida por la de Muiños y Cìa. Para entonces, los avances tecnológicos habían sustituido las maquinarias a tracción de sangre, por los primeros vehículos motorizados. Conforme a estos cambios, Muiños y Cìa asume la representación de los camiones “International”, los que vienen a reemplazar a los viejos carros para el traslado de los cereales desde la chacra a la estación.

Camiones International

Camiones International

También fueron agentes exclusivos de los tractores “Case”, de combustión a base de kerosene, con un motor transversal que le permitía accionar fuertes poleas aptas para las exigencias de los trabajos rurales.

Tractores Case

Tractores Case

Como complemento indispensable para estas maquinarias, vendían las naftas WICO de la West India Oil Company y los lubricantes “Mobiloil” de la Vacuum Oil Company.

En materia de neumáticos eran representantes exclusivos de “Good Year”, empresa que vendía también otro implemento importante en las maquinarias agrícolas de aquellos tiempos: las correas sin fin, para accionar las trilladoras con motores a vapor.

Las Correas Sin Fin Goodyear para agricultura, se fabrican con telas especiales tejidas con algodón de alta calidad, las cuales van impregnadas con un engomado muy fuerte que las adhiere entre sí formando un solo cuerpo de gran flexibilidad. Lo que el chacarero quiere es buen resultado en todo tiempo y las Correas Goodyear Sin Fin lo proporcionan en alto grado. En correas para agricultura, lo mismo que en neumáticos, Goodyear significa buen servicio”, pregonaba un anuncio de Muiños y Cía en el periódico “La Semana” de Saladillo, en 1929.

La crisis de los años ’30 pegó muy duro a los chacareros que sufrieron desalojos masivos, porque a los terratenientes les convenía más poblar sus campos de vacas que arrendarlos. Desde la Federación Agraria, con su lema “La tierra para el que la trabaja”, el líder socialista Isidoro Medina y el Cura Párroco José Raed, salieron en defensa de los agricultores. Desde la Cooperativa “La Fraternal” implementaron un almacén de ramos generales, que no impusiera condiciones tan onerosas a los chacareros.

En ese tiempo se produjo el cierre definitivo de “El Progreso” de Demaría Hermanos y el viejo almacén de Belgrano y Rivadavia volvió a cambiar de firma. Bajo las denominaciones de Latorre y Etchegoyen, luego Etchegoyen, Ruíz, Fortín y Cía y finalmente Etchegoyen, Ruíz, Möller y Cía, continuó trabajando sin el esplendor de otros años.

Cuando hacia mediados de los ’70, la reformulación de los sistemas productivos llevó al despoblamiento del campo y la desaparición del mundo chacarero tradicional, el viejo almacén bajó sus persianas para siempre.

El edificio fue demolido para que se levante allí la nueva sucursal del Banco Provincia, quedando en pie tan solo el local que ocupa el Frente para la Victoria, como hemos señalado.

Los libros encontrados por Gustavo Di Battista, han de reflejar los años de intensa actividad comercial de Calvo y Fabregas. Las cuentas corrientes han de dar cuenta de la actividad de los chacareros, los productos que compraban y su nivel de endeudamiento. Los críticos años ’30 deben estar presentes en cada uno de los asientos de esos viejos libros contables y finalmente, los números han de justificar la decisión de Etchegoyen, Ruíz, Möller y Cía de cerrar definitivamente.

Di Battista interesó a la concejal María Mancini sobre los libros. Se pusieron en contacto con personal del Museo, para evaluarlos y considerar la posibilidad de conservarlos. Se pidió autorización al señor Carlos Cortese, titular de la firma De.Vi.Pa SA, actual propietaria del inmueble, para retirarlos, a lo que Cortese accedió gentilmente.

Finalmente, la concejal presentó un proyecto de Ordenanza declarándolos patrimonio histórico de Saladillo, la que fue aprobada por unanimidad.

El día 30 de julio, como parte de los festejos del 155º Aniversario de Saladillo, en el Salón del Sesquicentenario, los libros fueron entregados simbólicamente al Museo de Saladillo y a las bibliotecas del distrito, para su preservación. Una vez acondicionados serán entregados de forma efectiva.

Acto de entrega de los libros

Acto de entrega de los libros

Personal del Museo

Personal del Museo

Claudia Calcedo - María Mancini - Gustavo Di Battista

Claudia Calcedo – María Mancini – Gustavo Di Battista

Libro Diario de Muiños y Cía

Libro Diario de Muiños y Cía

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