“UNA PIRÁMIDE TRUNCA”

Monumento a Luis Francisco Onsalo diseñado por Arduino Dassatti

Monumento a Luis Francisco Onsalo diseñado por Arduino Dassatti

Luis Francisco Onsalo nació en Saladillo en 1894. Desde su juventud fue un autodidacta, llegando a desarrollar una alta cultura humanista, de la que sin embargo en su sencillez nunca se vanaglorió.

Esta característica lo llevó a sentir afinidad con uno de los hombres más esclarecidos que ha vivido en Saladillo, el doctor Héctor Taborda, con quien entabló una estrecha amistad. Junto a él participó de cuanta iniciativa cultural y de interés social se realizaba, particularmente de la creación de la Escuela Normal Popular, de la que formó parte de la comisión administrativa.

Como una manera de canalizar el dolor que le produjo la prematura muerte de su amigo, impulsó una suscripción para levantar el monumento que hoy lo recuerda.

Luis Francisco Onsalo – Fotografía del periódico “Las Noticias” 19-03-1938

Luis Francisco Onsalo – Fotografía del periódico “Las Noticias” 19-03-1938

Su otro gran afecto fue la que sería su esposa, Amelia Tersol, hija del periodista Sebastián Tersol, director del periódico “El Tribuno” de nuestra ciudad y años más tarde de “El Heraldo” en la vecina localidad de 25 de Mayo.

Fue tal vez la cercanía al ambiente periodístico de su suegro lo que lo movió junto a un grupo de amigos a crear la revista “Juvenilia”, que se imprimía en los talleres gráficos de “El Pueblo”. Onsalo estaba a cargo de la redacción, pero en lo que se destacó y le valió el reconocimiento popular, por su estilo sabio para captar los perfiles psicológicos, fue en las caricaturas que publicaba bajo el pseudónimo de “Pocho”.

La actividad teatral lo tuvo también como uno de sus cultores. Sus destacadas dotes de actor fueron aplaudidas en las salas de los teatros de las sociedades italiana y española. Uniendo esta vocación con su natural inclinación a la beneficencia, creó el grupo conocido como de “Los Diez”, junto a Carolina Buren, Angela Taravella, Luisa Armendáriz, Teresa Escarrá, Enriqueta Etchegoyen, Julio García Molina, Juan Serna, Pedro Bernaola y Gabriel Beytía. Esta agrupación organizó con gran éxito numerosas veladas teatrales y actos culturales a beneficio del Hospital Dr. Posadas.

Comisión de “Los Diez” – Fotografía de www.saladilloensepia.com.ar

Comisión de “Los Diez” – Fotografía de www.saladilloensepia.com.ar

El Club Social lo tuvo entre sus miembros fundadores y durante largos años estuvo a cargo de la secretaría. A su impulso se debió el progreso de la institución, permitiendo que luego de deambular por varios locales arrendados pudieran adquirir la sede propia, comprando el viejo “Hotel de Listre” en Rivadavia y Moreno.

Su intensa participación social no le impidió tampoco realizar con responsabilidad la actividad laboral que era sustento de su vida. Se inició como administrativo en la Escribanía de Tissoni y poco tiempo después logró ingresar a la sucursal del Banco de la Provincia de Buenos Aires, en el edificio que hoy ocupa el Museo de Saladillo.

Personal del Banco Provincia – Fotografía de la colección del Museo de Saladillo

Personal del Banco Provincia – Fotografía de la colección del Museo de Saladillo

Pronto comenzó a ascender en el escalafón y en 1928 era ya el tesorero de esa entidad bancaria. A mediados de la década del ’30 fue trasladado a Bahía Blanca para ejercer la contaduría, con lo que Saladillo se privó para siempre de su personalidad, a la que todos recordaban por su trato afectivo y cordial.

En 1937 fue nombrado gerente de la sucursal de la ciudad de Lobería. Fue allí, donde luego de concurrir a una cena sufrió un ataque repentino de apendicitis. Quiso el destino que su vida tuviera el mismo desenlace que su viejo amigo Taborda.

En un principio, su esposa pensó conducir sus restos a 25 de Mayo, lugar en el que ella se radicaría con su familia. Pero entendiendo que era en Saladillo donde mejor se lo recordaría decidió trasladarlo a ésta.

Una multitud lo aguardó en la estación y el féretro fue conducido a pulso hasta la esquina del Banco Provincia y luego introducido a una capilla ardiente improvisada en el Club Social.

Allí, el doctor Hilario Armendáriz, presidente del Club, pronunció un emotivo discurso en el que, en uno de sus pasajes, expresó: “Una pirámide trunca es la armonía de esta vida, en plena sazón de la madurez que se ha roto en la fragilidad y en la pureza transparente del noble cristal, en que podrían simbolizarse sus virtudes”. Esta fue quizás la idea disparadora del homenaje posterior que se le tributaría.

Luego fue conducido al cementerio y depositado provisoriamente en el panteón de la Sociedad Española. Allí hablaron el señor Orlando Sanguinetti, en nombre de sus amigos y el joven Eduardo Lucangioli por sus compañeros bancarios.

Apenas unos días después, un grupo de artistas teatrales, integrado por Donato Cotignola, Rutilio Bernaola, Juan D’Atri, José Fernández Casañ, Pedro Latorre, Ismael Azcárate, Amador Alda, Justo Idoeta, José Picerno, Roque Di Giulio, Francisco Goñi, César Refort y Horacio Möller, forman la “Agrupación Artística Cultural Luis F. Onsalo”.

Al cumplirse el segundo aniversario de su fallecimiento, una Comisión presidida por don Manuel Villanueva resolvió levantarle un monumento. En un terreno de la necrópolis, donado por la familia Espelosín, se lo construyó de acuerdo al boceto diseñado por el escultor Arduino Dassatti, según las sugerencias de los miembros de la Comisión, inspirada en aquella imagen de la pirámide trunca expresada por don Hilario Armendáriz.

El ataúd quedó depositado en un nicho subterráneo y encima del mismo se levanta la base del monumento de líneas severas y paredes laterales escalonadas en sus cuatro costados. A una altura de 40 centímetros parte la columna que adopta la forma de una pirámide trunca, de dos metros de alto, que simboliza la vida interrumpida abruptamente.

Revestido en cemento, conserva la sencillez y la solidez características de la vida de Onsalo y pensado para que soporte los embates del tiempo. No tiene por esto adornos de otra naturaleza, salvo las placas de bronce que fueron colocadas a ambas caras que dan a los pasillos del cementerio.

Una de ellas, de mayor porte y costeada por suscripción popular, fue diseñada por el mismo Arduino Dassatti y reproduce también una pirámide trunca atravesada por un rayo. En ella se lee: “Espíritu selecto y noble corazón, síntesis armoniosa de su vida, a la que rinden homenaje sus amigos”. La segunda fue colocada por el Club Social.

Placa diseñada por Arduino Dassatti

Placa diseñada por Arduino Dassatti

Posteriormente se agregó una de su esposa, la que no pudo estar presente en el momento del homenaje, porque había fallecido su padre.

Como expresara el periodista Juan Carlos Dellatorre, otro de sus grandes amigos: “Onsalo, que era unánimemente querido en este su pueblo natal, merecía este emocionado tributo de solidaridad” (“La Semana”, 10/04/1938).

One Comment

  1. claudia calcedo 2018/12/19 16:02 Responder

    Hermosa nota rescatando a Luis Francisco Onsalo un importante personaje de la cultura saladillense .Gracias

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