“ABUSOS MILITARES EN LA FRONTERA DEL SALADILLO (1867)”

Guardia Nacional

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Y decía el gaucho Martín Fierro: “Ay comienzan sus desgracias / Ay principia el pericón / Porque ya no hay salvación / y que usté quiera o no quiera / lo mandan a la frontera / o lo echan a un batallón”.

Estos versos los publicó José Hernández en 1872 y evidentemente conocía situaciones como la de Saladillo, ocurrida en 1867, que se repetían a lo largo de toda la línea de frontera.

El pueblo tenía apenas 5 años de fundado y era el Juez de Paz, máxima autoridad del Partido, don Benito Galíndez, propietario de la estancia “Siete de Diciembre”.

Molesto con los abusos de las autoridades militares, como las que denuncia Fierro, particularmente las del Mayor, Emilio Fulco, 2º Jefe del Regimiento Nº 21 de Guardias Nacionales, Galíndez le encomienda al Secretario del Juzgado, don Aureliano Roigt, que dirija una carta al Ministro de Gobierno e Instrucción Pública, Nicolás Avellaneda, presentando sus quejas:

Don Aureliano Roigt

Don Aureliano Roigt

Al Señor Ministro de Gobierno de la Provincia Dr. Don Nicolás Avellaneda.

Diferentes y justificadas quejas de un número creciente de los vecinos de este partido, contra los abusos y desmanes que cometen diariamente las autoridades militares, ultrapasando las disposiciones superiores, cuyos reclamos justos pidiendo la protección de la autoridad civil a objeto de que se hagan respetar los derechos legítimos del ciudadano, que la Constitución de nuestro país y disposiciones de nuestro Gobierno le acuerdan; han movido al que suscribe, por serle de órbita de sus atribuciones a hacer saber presente al señor jefe del Rgto. Nº 21, como también a su 2º que se abstengan a cometer avances con los ciudadanos y a tomarse atribuciones que le competen al que firma; en la inteligencia que le prestará toda la cooperación como autoridad superior del partido para el buen desempeño del servicio público en casos necesarios.

Todos los pasos dados en obsequio de la justicia y una marcha regular de las cosas y con el fin de que se respeten a los ciudadanos garantidos por las leyes han sido infructuosos, y desatendiendo las reclamaciones hechas oficialmente por el Juez faltando al respeto y acatamiento debido a la autoridad local, siguen cometiendo los mismos avances, allanando el hogar doméstico sin previo conocimiento de la autoridad competente y haciendo prisioneros a los ciudadanos, sin tener el menor motivo para tal procedimiento, como consta por una nota oficial de un alcalde de este partido, cuya nota ha sido remitida al señor Inspector de Milicias, a fin de que sea conocedor del suceso.

Hasta ahora señor Ministro se ha observado la práctica observada por la superioridad, cuya disposición dice que los jefes de Rgto. pasen una lista nominal de los Guardias Nacionales nombrados para el servicio activo de la frontera a los Jueces de Paz de los partidos respectivos, con anticipación, evitando así los escollos que trae consigo un desacuerdo entre ambas autoridades.

Tampoco se da cumplimiento a la circular de Septiembre 23 de 1865, cuyo acuerdo exonera del servicio activo a los alcaldes; tenientes alcaldes y capataces de los establecimientos, y sin embargo de estar en vigencia esta resolución ha sido remitido a la frontera un teniente alcalde, sin respetarse el nombramiento de tal, expedido por este juzgado y a pesar de haber sido reclamado oficialmente por el que suscribe. Así mismo se ha procedido con varios capataces de establecimientos de consideración, obligándole a pagar a uno de ellos personería que solo gana un salario para su subsistencia.

El jefe de dicho regimiento ha delegado el mando en su segundo el señor sargento mayor don Emilio Fulco, persona de odiosas condiciones y la conducta que observa en este pueblo no puede silenciar al que firma por cuanto es un obstáculo para el progreso moral y social. Ebrio con mucha frecuencia, comete arbitrariedades de todo género provocando a los Guardias Nacionales a pelear en las pulperías, faltando al decoro que se debe a su clase y escandalizando a todo el público presente.

Un hecho repugnante ha tenido lugar no ha mucho en este pueblo a consecuencia de la embriaguez del Sgdo. Jefe del Regto. Nº 21 que por haberse imaginado que un anciano había estorbado a su caballo de carrera, le infirió con el rebenque varias heridas en la cabeza y acto continuo lo remitió preso a este Juzgado bajo sus órdenes.

En vista de una conducta tan infame, propia de hombres torpes, indignos de ocupar un puesto público, por cuanto no observan las disposiciones superiores, se ve en la necesidad el que firma de poner en conocimiento de su Gobierno, con el noble fin de mejorar la situación de este partido agitada por las arbitrariedades de los jefes militares, bien apercibiéndolos o haciéndoles retirar de sus empleos que para vergüenza del pueblo y descrédito del Gobierno ocupan un puesto de honor.

El infrascripto espera del ilustrado Gobierno que nos preside, buscará medios para que corten estos abusos, perjudiciales  a los intereses generales, rezagos de la funesta época de la dictadura y que es de imprescindible necesidad cortarlos para el buen orden de la marcha administrativa, pues que la recta administración de justicia no aconseja al que firma admitir que se cometan tropelías y mucho menos del dominio del sable en el distrito de su mando.

Lo que se pone en conocimiento del señor Ministro para los fines ulteriores.

Dios guarde a V.S. muchos años

Benito J. Galíndez, Juez de Paz.

Aureliano Roigt, Secretario.

Saladillo, Septiembre de 1867.

2 Comments

  1. Hugo Quinterno 2019/01/28 14:07 Responder

    Marcelo: muy interesante este documento este que presentás. No solamente permite ver los abusos de los jefes de la Guardia Nacional (o milicias), sino las tensiones políticas entre el Juez de Paz/referente político/hacendado y la jefatura militar. Recuérdese que este episodio transcurre asimismo durante la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay. Por supuesto, además siempre agregan material las miserias humanas.
    Un comentario para quien lea la nota: El cargo de “sargento mayor” de milicias (también en el ejército permanente de ese momento) equivale al de “mayor”, no al de “sargento”, es decir que era un oficial, no un subalterno. Una pregunta: ¿Quién era el jefe del 21 de milicias? ¿Dionisio Pereyra?. Saludos, Hugo.

    • admin 2019/01/29 10:15 Responder

      Muchas gracias Hugo! Sí, a esa fecha el Jefe era Don Dionisio Pereyra. Un abrazo.

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