“EL CICLÓN DE 1908, UNA MARCA EN NUESTRA HISTORIA”

Galpón del Ferrocarril, arrasado por el Ciclón de 1908.

Galpón del Ferrocarril, arrasado por el Ciclón de 1908.

Saladillo despertaba al siglo XX, modesto, con características de aldea aún, pero con aspiraciones de ciudad futura. Era el año 1908 y aquel 22 de octubre fue quizá demasiado caluroso, parecía más bien una primavera con pretensiones de verano. Afortunadamente los caminos de la plaza y las veredas céntricas contaban con la reconfortante sombra de los paraísos. Los toldos de los comercios eran también un refugio para los transeúntes que contaban, según las costumbres de la época, con sombrillas y abanicos en el caso de las damas, y elegantes sombreros para los caballeros.

Municipalidad en construcción, dañada por el ciclón.

Municipalidad en construcción, dañada por el ciclón.

Al mediodía el trajinar de carruajes y caballos se hizo más intenso, levantando una densa polvareda en las calles del pueblo. Las madres, con sus niños de la mano, apuraban el paso para llegar puntuales hasta la casa de don José Ramón Sojo, en San Martín y Corrientes (Sojo), adonde provisoriamente funcionaba la escuela. Es que en la esquina de San Martín y Moreno, los albañiles trabajaban sin pausa levantando las paredes del moderno edificio de dos pisos de la Escuela Nº 1. Al lado nomás, otros obreros construían el Palacio Municipal, que llegaba ya a la altura de su cúspide.

A las obras públicas se sumaban las particulares, entre las que destacaban la casa de remate-feria de Rivero y Viale (actual Hotel Saladillo), “El Progreso” de Demaría Hermanos (La Ferretería), “El Siglo XX” de Rafael Domínguez (actual Banco Galicia) e innumerables y elegantes casas de familia.

Todo este movimiento de progreso convergía en la estación del Ferrocarril del Sud, en la que sudorosos changadores cargaban vagones con las mercaderías acumuladas en el sólido galpón de ladrillos.

Era un día más y nada parecía poder detener a ese Saladillo pujante, pero cerca de las dos de la tarde, en unos breves minutos todo cambió. El día se hizo noche, la tranquilidad desconcierto y apenas hubo tiempo para buscar algún refugio. Un viento huracanado, al que siguió granizo y una lluvia intensa, atravesó el pueblo desde la chacra de Langlois (inmediaciones del actual Hogar de Ancianos) hacia el Hipódromo de la Sociedad Rural. En su trayecto barrió con todo lo que encontró a su paso, levantando densas nubes de tierra de las calles aún sin pavimentar. Centenares de los viejos paraísos cayeron derribados por las fuerzas del viento. Sus ramas se mezclaban con chapas retorcidas que volaron de los techos de las casas, que como recuerda Miguel Ángel Volonté en “Estampas del Pasado Local”, «con la mayoría de los tapiales en el suelo, veíase desde la calle el interior de casi todos los hogares».

Las paredes de la nueva escuela resultaron seriamente dañadas y el techo del Palacio Municipal en construcción, fue arrancado. Fue tal la fuerza del viento, que vagones que se encontraban estacionados para su carga en la estación, fueron puestos en movimiento y el depósito de cargas (hoy Galpón Cultural) fue literalmente arrasado.

Fueron varios los heridos de consideración diversa que debieron ser socorridos en el Hospital.

El fuerte huracán había dejado su marca en nuestra historia, pero aquella adversidad forjó el temple de nuestros abuelos y en pocos meses Saladillo se recuperaba de esa trágica hora. Tal es así, que en los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, en 1910, se inauguraron con gran boato los edificios de la Municipalidad y la Escuela Nº1.

Aspecto de una vivienda destruida.

Aspecto de una vivienda destruida.

2 Comments

  1. claudia calcedo 2019/01/28 15:33 Responder

    hermosa nota ,que nos traslada a ese Saladillo de 1908 ,es casi una pintura ,muchas gracias Marcelo

  2. Viviana 2019/03/10 13:40 Responder

    Una nota descriptiva tan rica para mirar nusstro pasado y nuestras raices tan pujantes. Gracias Marcelo

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