“DE CARREROS Y PATENTES”

Patente de Carro de 1897

Patente de Carro de 1897
Donación de la Familia Davel que se exhibe en el Museo de Saladillo

Poco después de la Revolución de Mayo los primeros blancos se aventuran a cruzar el Salado y asentarse en la tierra de los Pueblos Originarios. Lentamente los campos se van poblando y ya a mediados del siglo XIX los habitantes de la zona del Saladillo eran numerosos, dedicados mayoritariamente a la ganadería, aunque hay ya algunos casos de agricultores.

Todo esto lleva a la necesidad de establecer un sistema de comunicación con la ciudad puerto, ya sea para el traslado de personas, productos del campo, para la venta, o traer artículos domésticos, ropas y alimentos para quienes vivían “tierra adentro”.

Surgen así las postas, escalas para pernoctar y reponer caballos en el agreste camino que seguía las rastrilladas de los Pueblos Originarios, los verdaderos conocedores del terreno. En este sistema era fundamental el oficio del carrero, quien con inquebrantable paciencia enfrentaba día a día los desafíos del camino, cruzaba ríos y arroyos, enfrentaba lluvias y calores, obstinado en depositar su carga en buen puerto.

En 1866 el Ferrocarril del Oeste llega hasta Chivilcoy y en 1871 extiende su ramal hasta Lobos. Con estas puntas de rieles más cercanas la actividad del carrero ve reducida las distancias a recorrer. Pero cuando en 1884 el ferrocarril llega finalmente hasta Saladillo, su actividad se reduce al traslado desde las estancias hasta las distintas estaciones ubicadas en el interior del partido.

Patente de Sulky de 1913

Patente de Sulky de 1913
Donación de Alberto Benítez que se exhibe en el Museo de Saladillo

Esta actividad estaba gravada por aquellos años con una patente cuyo cobro estaba a cargo de la municipalidad de donde era oriundo el carrero. “La voz del Saladillo” del 26 de julio de 1885 refiere un incidente que sufrió un antiguo carrero de Saladillo, llamado Silvestre González, en un pueblo vecino al que fue a llevar mercaderías. El periódico no nos refiere de que pueblo se trataba, pero cuenta que “Al llegar al pueblo, término de su viaje, fue detenido por un Sub Comisario, el que le ordenó parar la tropa, desatar los carros y no moverlos mientas no sacase las patentes allí. González alegó que tenía su domicilio fijo en el Saladillo y que siendo así, no se creía obligado a sacar sus patentes en un partido que no era el suyo”.

Luego de muchas vueltas entre las autoridades de aquel pueblo, con ambiciones recaudatorias, González logró hacer valer sus derechos, entregar la carga que hasta allí había llevado y regresar a nuestro pueblo.

El incidente vale como recuerdo de la actividad de los carreros y la ley de patentes de aquellos años, al tiempo que rescatamos del olvido al nombre de uno de aquellos personajes, Don Silvestre González, quien recorrió con su carro y sus caballos los caminos polvorientos del antiguo Saladillo.

Deja un comentario