EL TRAZADO ORIGINAL DEL PUEBLO: NUESTRA HUELLA DE IDENTIDAD

Contribución para una reflexión acerca de nuestro Patrimonio Histórico

Plano del “Casco Histórico de Saladillo”, confeccionado por Manuel Ibáñez Frocham

“Patrimonio Histórico, Cultural y Natural de Saladillo”, compilado por Verónica Mirassou y publicado en el año 2007, fue el primer trabajo realizado en nuestro medio que aborda de un modo específico la temática patrimonial.

Desde su primer renglón no deja lugar a dudas respecto a qué nos referimos cuando hablamos de Patrimonio Histórico:

El patrimonio histórico está constituido por bienes de la naturaleza e histórico culturales, como la traza urbana, los inmuebles, los espacios abiertos y las manifestaciones que se materializan a través de relaciones humanas tales como las festividades populares, civiles, religiosas, etc.”.

El subrayado me pertenece, porque precisamente acerca de la «Traza Urbana» como parte esencial de nuestro Patrimonio es que quiero centrar esta reflexión.

Cuando el 31 de Julio de 1863 el Gobernador Mariano Saavedra y el Ministro Mariano Acosta firmaron el Decreto de fundación del pueblo de Saladillo, en el artículo 2º dispusieron:

Con presencia de los antecedentes que existen en Secretaría y de acuerdo con las instrucciones que le dará el Ministro de Gobierno, el Departamento Topográfico, presentará a la mayor brevedad un proyecto de traza del pueblo y su ejido, para que luego de aprobado se proceda por un ingeniero, que el Gobierno nombrará, a la mensura y amojonamiento”.

Treinta y un días después, el Departamento Topográfico daba cumplimiento a esa disposición y el presidente de ese organismo, don Saturnino Salas le entrega a Mariano Acosta dos planos, uno en tela, que contiene la traza del ejido, y otro en cartulina, con la traza de la planta urbana, quintas y chacras.

Al día siguiente, 1º de septiembre de 1863, el Gobierno aprobaba los planos propuestos y nombraba al agrimensor Enrique Nelson para que realizara la mensura y amojonamiento del nuevo pueblo.

La designación del lugar específico del pueblo, había sido motivo de disputa entre los vecinos que conformaban la Comisión Fundadora. Fue así que el Ministro en persona decidió venir hasta aquí para elegir la mejor localización. El diario “El Nacional” de Buenos Aires, informaba en su edición del 3 de septiembre: “Hace dos días que el Ministro de Gobierno de la Provincia se ha dirigido al Saladillo con el fin de establecer allí un pueblo. Parece que la causa del viaje del Sr. Ministro es a fin de arreglar divergencias que existen entre los vecinos respecto a la localidad que ha de darse al pueblo”.

La diligencia que transportaba al Ministro llegó hasta una estancia de las inmediaciones. Lo acompañaron, don Joaquín Cazón, miembro de la Comisión Fundadora, el agrimensor Enrique Nelson y su ayudante Jacques Coquet. Lo esperaban, Antonio Bozán, José Ramón Sojo, Nicolás Gómez, Tomás Álvarez, Nemesio de Ortúzar y otros vecinos.

Luego de recorrer a caballo la zona, consideró que una lomada, en el punto donde el camino real se bifurcaba en dirección al arroyo de Las Flores (actual esquina de Rivadavia y Moreno), era el lugar apropiado para establecer el centro del pueblo.

La tradición oral habla de la rodada de un caballo y de la frase “Salga pato o gallareta, aquí será el centro del pueblo”. Lo cierto es que, en el punto más alto de aquel campo, Mariano Acosta le indicó al agrimensor Enrique Nelson que clavara la estaca marcando el lugar donde hoy se encuentra el mástil de la Plaza 25 de Mayo.

Cumplida su misión, Acosta emprendió el regreso rumbo a su estancia “La Constitución”, en el partido de Lobos. Enrique Nelson, Jacques Coquet y los peones Policarpo Torres, Rosa Gorosito, Delfino Benítez y Ciriaco Leguizamo, quedaron en el campo, para iniciar su trabajo.

A partir de aquella estaca inicial, se tomaron medidas, se colocaron mojones de referencia, se reservaron los espacios para las calles y delinearon las manzanas. Trece calles en dirección S.E a N.O. y nueve en dirección N.E. a S.O. conforman las 96 manzanas del trazado, cinco de las cuales se reservaron para plazas, la principal en el centro (Plaza 25 de Mayo), y las otras cuatro en los vértices (Plaza Falucho, Plaza España, Plaza Italia – Cancha de Argentino – y Plaza de la Cruz – Hospital Dr, Posadas). Se reservaron también ocho manzanas, que serían destinadas a la Estación del Ferrocarril, inaugurado el 21 de septiembre de 1884. Frente a ésta se diseñó una plazoleta, con forma de medialuna, generando un espacio único en aquel damero que conforma lo que hoy denominamos el “Casco Histórico de Saladillo”. Allí en principio estacionaban los carruajes y coches de alquiler que aguardaban los pasajeros que hacían su arribo en el tren, la mayoría de ellos inmigrantes que llegaban a Saladillo para establecerse con sus comercios, a trabajar la tierra y afincarse con sus familias. Eran nuestros abuelos y nada mejor en su memoria que aquel espacio lleve hoy el nombre de “Pasaje de los Inmigrantes”. Pero aquel ámbito fue también el lugar donde se iniciaban las alegres Romerías Españolas, donde se daba la recepción con la Banda de Música Municipal a los visitantes ilustres, los festejos de algún equipo de fútbol local o importantes actos políticos. Fue la plazoleta de la estación lugar de carreras de bicicletas, carreras de karting, festivales de rock, calles libres deportivas o festejos estudiantiles. Un espacio singular para el esparcimiento, el juego de los niños y el disfrute distendido de las familias a la sombra de árboles añejos y sin la intranquilidad que presupone el riesgo del tránsito.

Ya para comienzos del siglo XX, el crecimiento del pueblo obligó a avanzar con la urbanización de las quintas y chacras. El acceso principal del pueblo se encontraba desde el carretero (actual Ruta 205), por avenida Pereyra, hasta su intersección con avenida Rivadavia. En ese lugar se encontraba el Monumento al Camino, que lamentablemente fue demolido. A partir de allí, cada esquina de la principal arteria estaba adornada con un macetero, que también se perdieron.

Y el pueblo se transformó en ciudad, pero en aquel trazado original quedaron los principales edificios de relevancia histórica, algunos bien conservados, otros no tanto, otros irremediablemente perdidos.

Por estás y muchas otras razones que se pudieran esgrimir, aquel trazado original que conforma nuestro “Casco Histórico”, es algo así como nuestra “huella digital saladillense”, un diagrama que nos imprime identidad ciudadana.

Cualquier alteración que quiera hacerse de este espacio debería hacerse con delicada prudencia y sobre todo, con suficiente consenso popular.

Marcelo Pereyra

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